Pregunta: Llevo tiempo buscando trabajo, hasta ahora sin éxito. Si recé y estoy haciendo lo que puedo, ¿por qué no me ayuda Dios?
Respuesta: Muchas veces no logramos entender cómo obra Dios en nuestra vida y por qué hace lo que hace. Es misterioso, pero nosenseña humildad, y por lo general requiere fe y paciencia. Sus propósitos suelen ser diferentes de los nuestros.
Pregunta: Desde que conocí a Jesús me he sentido más feliz que nunca. Sin embargo, todavía paso por momentos difíciles y a veces me deprimo. Mis amigos tratan de levantarme el ánimo y me dicen que ponga al mal tiempo buena cara; pero ¿por qué habría de sonreír y fingir alegría cuando no me sale de dentro? ¿No sería eso una hipocresía de mi parte?
Respuesta: No es hipocresía poner cara alegre cuando se está bajoneado. Es más bien señal de fortaleza interior y madurez. Demuestra que uno es consciente de que lo que en ese momento lo tiene deprimido es relativamente pequeño comparado con la totalidad de la vida, y que ya pasará.
Pregunta: Cuando se produce una catástrofe natural, un terremoto o un huracán que se cobra muchas vidas, algunos afirman que es porque Dios castigó a esas personas por sus pecados. ¿Es verdad que Dios actúa de esa manera?
Respuesta: Solamente Dios sabe por qué le suceden ciertas cosas a la gente de determinado país y no a la de otro; o a ciertos individuos y no a otros. Pablo afirmó que los juicios de Dios son «insondables, e inescrutables Sus caminos. Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue Su consejero?»1
Pregunta: A veces me siento agobiado por las preocupaciones. ¿Qué puedo hacer para dejar de inquietarme tanto?
Respuesta: ¿Quién no se preocupa a veces? Nos preocupamos de lo que va a suceder en el mundo. Nos preocupamos de que no vamos a dar la talla en el colegio o en el trabajo. Nos preocupamos de que no vamos a poder hacer frente a nuestros compromisos económicos. Nos preocupamos ante la eventualidad de perder a nuestros seres queridos. Nos preocupamos por nuestro futuro. Nos preocupamos de un mar de cosas.
Pregunta: ¿Realmente tiene Dios un plan maravilloso para mí, como he oído decir una y otra vez? Por lo general me da la impresión de que se trata más bien de un camino accidentado en el que me topo con un obstáculo tras otro y continuamente me siento zarandeado.
Respuesta: En efecto, Dios tiene un plan para cada uno de nosotros, que se ajusta perfectamente a nuestra forma de ser, aptitudes e intereses. Es más, Él quiere revelarnos ese plan y ayudarnos a hacerlo realidad.
Pregunta: Me cuesta mucho ceñirme a mi presupuesto, aunque sé que esa es la clave para no endeudarme. ¿Me pueden dar algún consejo?
Respuesta: La clave para administrar bien el dinero está en tapar las fugas que consumen tus recursos, porque con el tiempo hasta una pequeña gotera puede vaciar tus arcas. Considera las siguientes recomendaciones por si alguna te sirve. Vive con arreglo a tus posibilidades. Si usas tarjetas de crédito, paga tus saldos mensuales en su totalidad para evitar recargos.
Pregunta: Recuerdo que de joven era más feliz. ¿Qué me aconsejan para recuperar la alegría de vivir que perdí?
Respuesta: La mayoría de los adultos hemos observado en algún momento a un niño retozando alegremente y deseado volver a la niñez. Cuando juegan, los pequeñines se ven felices, despreocupados y con ganas de vivir. Se ríen mucho, se divierten con facilidad y se entusiasman con las cosas más sencillas.
Pregunta: Tengo el deseo de congeniar y caerle bien a la gente, pero muchas veces no sé por dónde empezar. ¿Cómo puedo establecer fuertes vínculos con las personas?
Respuesta: Las siguientes pautas te servirán de punto de partida. Lo esencial es no hacer teatro —afectar ser algo que no eres—, sino esmerarte por cultivar cualidades que hagan que los demás se sientan a gusto y contentos en tu compañía.
Pregunta: Prefiero la estabilidad y la rutina cotidiana a los cambios espectaculares, aunque me hago cargo de que estos son inevitables. Pero es algo que me produce desasosiego. ¿Cómo puedo aprender a adaptarme a las circunstancias cambiantes para que no me afecten tanto?
Respuesta: Tienes razón; los cambios son inevitables. De hecho, la vida es un sinfín de curvas y contracurvas.
Pregunta: Sufro de una enfermedad crónica. Le pedí a Dios que me sanara sin intervención médica y tengo el convencimiento de que puede hacerlo. Pero aún no lo ha hecho. Hace poco mi médico me recomendó un tratamiento al que estoy pensando someterme. ¿Cómo saber qué es lo más conveniente para mí en esta disyuntiva?
Respuesta: Ya sea que te mejores por medio de un proceso natural, con un tratamiento médico o por intervención divina, la curación no deja de ser un don de Dios.