Pregunta: Llevo tiempo buscando trabajo, hasta ahora sin éxito. Si recé y estoy haciendo lo que puedo, ¿por qué no me ayuda Dios?
Respuesta: Muchas veces no logramos entender cómo obra Dios en nuestra vida y por qué hace lo que hace. Es misterioso, pero nosenseña humildad, y por lo general requiere fe y paciencia. Sus propósitos suelen ser diferentes de los nuestros.
La paz es un tema recurrente en las palabras y enseñanzas de Jesús. «La paz os dejo, Mi paz os doy; Yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo»1, dijo a Sus discípulos poco antes que afrontaran duras aflicciones y amarguras. Para mí ese es uno de los pasajes más reconfortantes del Evangelio. «Ve en paz, y queda sana»2, le dijo a una mujer luego de curarla de su enfermedad. «Tened paz los unos con los otros»3, exhortó en otra ocasión a Sus discípulos. También les enseñó que donde fueran bien recibidos dijeran: «Paz sea a esta casa»4. Y en las postrimerías de Su misión en la Tierra explicó a Sus seguidores que les había enseñado muchas cosas «para que en Mí tengáis paz»5.
Los letreros eran simples rectángulos de madera pintada de blanco, que con brillantes letras rojas proclamaban: «ABRAZOS GRATIS». Estaban adornados con flores, corazones y alegres manchas de colores llamativos. Nos dirigimos a nuestro punto de encuentro, en un campus universitario cercano, donde nos reunimos con el resto de nuestro grupo, y emprendimos la marcha por el centro de Guadalajara, México, en busca de desconocidos a quienes prodigar espontáneas muestras de cariño.
Carteles en alto, nos dispersamos, como un imparable ejército de afecto.
Es harto conocido el episodio en que un muchacho entregó su almuerzo a los discípulos para que lo repartieran entre la multitud1. Jesús tomó los cinco panes y los dos peces, los bendijo, y milagrosamente se multiplicaron, con lo que sirvieron para saciar el hambre de miles de personas. ¿Quién era aquel chiquillo? ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo se llamaba su madre que con cariño le preparó la fiambrera? Desconocemos esos detalles.
Detrás de muchos milagros de liberación, sanación y provisión hay algún héroe anónimo que, sin hacer mucho ruido, realiza un sencillo acto de bondad. Recordemos a los hombres que cargaron en su camilla a su amigo paralítico. Tan ansiosos estaban de llevarlo ante Jesús para que lo sanara que abrieron un boquete en el tejado para poder introducirlo en la casa atestada de gente2.
A veces, en el momento menos esperado, nos vienen pequeñas revelaciones que nos aclaran las ideas, nos ayudan a entender mejor una situación y reactivan nuestra fe. El otro día tuve una de esas.
Los últimos meses hemos estado muy apretados de dinero, y para colmo tuvimos que llevar nuestro vehículo al taller. Mientras esperaba a que mi esposo me llamara para decirme cuánto iba costar más o menos la reparación, le pregunté a Dios por qué nos estaba ocurriendo eso en un momento ya de por sí tan complicado.
La paz que Yo te puedo infundir sobrepasa todo entendimiento1, calma las tormentas y aplaca el estrés y la preocupación. Aunque se desate una tempestad y las olas se encrespen, te acosen y te zarandeen por los cuatro costados, no naufragarás, pues Yo soy el Amo de los Mares, y todo está bajo Mi dominio.
Permaneceré a tu lado siempre, cuando pases por montes, ríos y cordilleras, llanuras y praderas, cuando sufras los rigores de la lluvia, el sol, el viento, el calor y el frío. Sea cual sea la situación en que te encuentres, te manifestaré Mi amor, te sostendré y te ayudaré. Tendrás experiencias nuevas, profundas y transformadoras que te harán aprender y madurar. Me llegarás a conocer íntimamente. Descubrirás y valorarás los dones que tengo para ti. Comprenderás lo abundantes, perfectos y perdurables que son.
Steve era un niñito alegre de ojazos marrones, cabello rubio rizado y un hoyuelo que aparecía en su mejilla derecha cada vez que sonreía. Tenía una mirada distraída y con frecuencia se sentaba junto a la ventana para contemplar la lluvia, las nubes o los pájaros.
—Lo ha besado un ángel —me dijo con una sonrisa la partera japonesa cuando puso por primera vez a aquella cálida criatura en mis brazos, señalando en la parte posterior de la cabeza un mechón de pelo blanco como la nieve—. Tiene un llamado especial en la vida.
A lo largo de los años recordé muchas veces sus palabras, deseosa de saber qué significado tenían.
Adaptación de un texto de David Brandt Berg
Uno de los factores más importantes para curarse es la fe, la seguridad de que Dios nos ama y vela por nosotros pase lo que pase. La fe elimina el temor y la tensión, dos de las principales causas de las enfermedades y la mala salud. Esas y otras actitudes negativas como la ansiedad, el odio y el rencor producen diversos trastornos sicológicos y nerviosos. Favorecen asimismo la aparición de desórdenes fisiológicos, por ejemplo afecciones cardiacas, artritis y úlceras estomacales.
No eres una persona más del montón, sino que para Mí eres importante, un ser único. Conozco todos tus pensamientos. Te conozco personalmente y en estos momentos me dirijo a ti. Puedes pedirme que te hable siempre que quieras, cuando seas víctima del desánimo o de la depresión, incluso cuando quieras un poco de compañía. Me alegra sobremanera hablarte de cualquier tema, cuando sea que lo necesites.
Los cambios me inquietan terriblemente. Me gusta tener mi nidito cómodo, donde todo es tal y como yo lo dispongo y nada me agita demasiado. Me gusta lo habitual, lo mecánico, los horarios, la tranquilidad de saber lo que va a pasar, tanto enseguida como en el futuro. Los cambios a veces son emocionantes, pero casi siempre trabajosos. Me cuesta dejar atrás lo que conozco y me encanta y no tener ni idea de lo que vendrá.
No hace mucho, mi esposo y yo nos mudamos lejos de familiares y amigos. Teníamos buenos motivos para hacerlo y sabíamos a dónde nos dirigíamos; pero aparte eso, el futuro era un gran interrogante. Eso me daba susto.
A veces nos sorprendemos cuando Dios hace algo inexplicable en respuesta a una oración. Medio desconcertados decimos: «¡Qué raro!», o: «¡Increíble!», o alguna exclamación por el estilo. Pero no debiera ser así. Si confiamos en las promesas divinas tanto como en la promesa de un hombre o una mujer de palabra —de esos que dicen y hacen—, no debiera extrañarnos que Dios cumpla lo convenido y se muestre fiel a Su palabra.
«El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Contra estas cosas no hay ley»1.
Todos sabemos lo que es verse asediado por dificultades o sufrir reveses. Las vicisitudes económicas, las inclemencias del tiempo y hasta el tráfico de las horas pico pueden abatir nuestro ánimo.
Pero no tiene por qué ser así. El Espíritu Santo puede darnos fuerzas para remontar nuestros problemas, por grandes que sean, y brindarnos felicidad y alegría a pesar de las circunstancias.