Activated Magazine Online

Apreciar lo bueno

Valora este artículo
(0 votos)

Después de publicar en mi blog un comentario sobre una canción cristiana que me resultó particularmente inspiradora, alguien me escribió para preguntarme si estaba al tanto de ciertos detalles personales del cantautor. En ese momento los desconocía, y la verdad es que me sorprendieron un poco.

Sin embargo, no por ello ha dejado de gustarme la canción, ni me parece que la bellísima verdad que contiene se vea invalidada por la forma de vida adoptada por su autor. 

Valoro el hecho de que me conmovió y de que esté comunicando el amor de Dios a mucha gente. No es preciso que aprobemos o suscribamos todo lo relacionado con alguien para apreciar lo bueno que hace. Una actitud más benévola nos ayudará a ser menos exclusivistas y a encontrar puntos en común con personas que son distintas de nosotros.

Si rechazáramos a los demás por actos suyos que desaprobamos o por pecados que puedan haber cometido, nos perderíamos muchas cosas buenas. Tendríamos que repudiar el libro de los Salmos, pues el autor de buena parte de ellos —el rey David— tramó la muerte de un hombre inocente (2 Samuel, capítulo 11). Tampoco cabría valorar la autoridad de Moisés ni de los cinco libros de la Biblia escritos por él, dado que mató a un hombre en un arranque de ira (Éxodo 2:11,12). Por lo mismo, no podríamos apreciar ni aprovechar buena parte de lo contenido en el Nuevo Testamento, pues el apóstol Pedro negó a Jesús (Mateo 26:69–75), y el apóstol Pablo persiguió a algunos de los primeros cristianos antes de su conversión (Hechos 22:4; 26:9–11).

Podríamos disfrutar de bien poca música inspirada si nos pusiéramos a analizar puntillosamente la vida de quienes compusieron o produjeron cada canción. Para el caso, habría muy pocas cosas en la vida dignas de estimación o de las que podríamos beneficiarnos, pues nadie es perfecto. No se salvaría nada.

Lo importante es que al contemplar una hermosa obra de arte o escuchar una bella pieza musical la apreciemos y reconozcamos que fue producto de la inspiración. Aunque el pintor, escultor o compositor no supiera de dónde venía esa inspiración, nosotros sí lo sabemos. «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces» (Santiago 1:17).

Piensa en el trato y en la relación que tuvo Jesús con la gente cuando vivió en la Tierra como un ser humano más. Recibía a personas cuyas decisiones y conducta sin lugar a dudas desaprobaba. Sin embargo, eso no tenía importancia para Él. Lo fundamental era que deseaban Su amor, y Él se lo prodigaba sin condicionamientos. Si Jesús, que era perfecto y jamás cometió pecado alguno, aceptaba a todos de esa manera, ¿cómo habríamos de hacer menos nosotros?

 

Lo que realmente cuenta

Una frase célebre, colgada en la pared de la oficina de Albert Einstein, rezaba: «No todo lo que cuenta se puede contar; y no todo lo que se puede contar cuenta». Dicho de otro modo, muchas cosas que hacemos a lo largo de un día o de una semana no son cuantificables, no se pueden marcar como terminadas en nuestra lista de tareas; pero en realidad sí cuentan, son vitales, y pueden llegar a ser determinantes.

Debemos tener siempre presente, en el centro de nuestros pensamientos, que el amor es lo más importante. Si no nos conducimos con amor, todas las tareas que logremos tachar de nuestra lista y todas nuestras grandes realizaciones son en balde (1 Corintios 13:3). ¡La prioritario es y será siempre amar! Si al acostarte por la noche tienes la certeza de que durante el día manifestaste amor, podrás descansar tranquilo, sabiendo que lograste algo verdaderamente importante.

 

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana.

Copyright 2012 © Activated Magazine. Todos los derechos reservados.