Para entender el valor del ancla uno tiene que haber sentido la tormenta.—Anónimo
Jesucristo es el ancla de tu alma. No te afanes inútilmente por los detalles de la vida. Eres una criatura de Dios, y nada puede hacerte chocar contra las rocas. Estás a salvo, porque en Él se está a salvo. Confía en Cristo cualesquiera que sean tus circunstancias. Y tranquilízate. Disfruta del atardecer. Saborea la vida. Descansa en la certeza de que en toda tempestad tu ancla se mantiene firme.—Steve McVey (1954– )
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Tengo un ancla muy fiable
que resiste para siempre.
No la mueve la tormenta
ni en agosto ni en diciembre.
Haré frente a la borrasca
hasta que cambien los vientos.
Cristo es mi ancla firme
en los mares turbulentos.
Y mi ancla agarra bien.
Sopla, viento, con furor.
contra mi endeble nave.
Bien anclado en el Señor,
aguantaré imperturbable.
—William Clark Martin (1864–1914)
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Casi todo el mundo sabe que los primeros cristianos empleaban entre ellos el símbolo del pez para indicar su fe. En cambio, su uso del ancla es menos conocido. Desde tiempos inmemoriales el ancla fue considerada símbolo de seguridad. Para los cristianos representaba su esperanza en Cristo, que los llevaría a puerto seguro en Su reino celestial. Numerosas tumbas de los primeros cristianos sepultados en las catacumbas de Roma están adornadas con anclas.—Christine Hunt
No se fondea una nave aferrando el ancla a algún elemento situado dentro de la misma, sino a algo que esté fuera de la nave. De igual modo, el alma no encuentra reposo con lo que ve en sí misma, sino con lo que ve en la persona de Dios, la certeza de Su verdad, la imposibilidad de Su falsedad.—Adaptación de un texto del Dr. Thomas Chalmers (1780–1847)
