La vida es una sucesión de juicios de valor, grandes y pequeños. «¿Mi colega me estará diciendo la verdad?» «¿Puedo fiarme de ese aviso publicitario?» Casi todos los días tienes que juzgar alguna situación, y tus opiniones y decisiones suelen tener consecuencias para otras personas. Al igual que los juicios de un magistrado, los tuyos también pesan, por más que lo que esté en juego no sea tan trascendental como lo que se resuelve en un proceso judicial.
En cierta ocasión dije a quienes me criticaban: «No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio»1. ¿Cómo se hace eso? Se trata de ponderar con equidad e imparcialidad, de aplicar el principio acertado a una situación determinada, y a veces de mirar más allá de los hechos para conocer el corazón y las verdaderas intenciones de las personas.
Para emitir un juicio de valor es importante conservar la ecuanimidad y escuchar distintas versiones del asunto. Cuanto más informado está uno, mayores son sus posibilidades de juzgar acertadamente.
Además, siempre resulta atinado —aun en cuestiones de poca monta— consultar conmigo antes de juzgar. Recuerda que soy el Juez omnisciente que todo lo ve y que juzgará al mundo al final de los tiempos. Tengo, pues, mucha pericia en esto de juzgar con justo juicio.
Podcast
Audio clip: Adobe Flash Player (version 9 or above) is required to play this audio clip. Download the latest version here. You also need to have JavaScript enabled in your browser.
1. Juan 7:24