Bendiciones de Dios

Dar

Julio 2006 | Publicado en Estudios bíblicos

Uno de los principios divinos fundamentales es que no se puede dar sin recibir a cambio.

Proverbios 11:24,25: Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. 25 El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.

Eclesiastés 11:1: Echa tu pan sobre las aguas; porque después de muchos días lo hallarás.

Receta divina para una sana economía

Julio 2006 | Publicado en Éxito

La solvencia es un poquito como la salud: no existen santos remedios ni panaceas para conservarla. Una economía sana depende de numerosos factores que se deben tener en cuenta con regularidad.

Para conservar o recobrar la salud física se requiere un equilibrio entre varios factores: alimentarse bien, dormir bien, hacer ejercicio con frecuencia, beber abundante agua, vestirse como corresponde de acuerdo con la temperatura ambiente, evitar el estrés, cuidar la higiene, evitar las infecciones, etc. Uno no puede pensar que con solo comer bien estará saludable; los demás elementos también son importantes. Todos juegan un papel en el programa de salud de Dios y se complementan unos a otros.

Dedica tiempo a los demás

Marzo 2006 | Publicado en Altruismo

Es fácil que, aun siendo una buena persona, te encierres en tu propio mundo. Al fin y al cabo, te da la impresión de que no das abasto con el trabajo y las obligaciones que tienes. Lógicamente, pues, dispones de muy poco tiempo para los demás.

Cuando estuve en la Tierra, también tenía mucho que hacer, particularmente durante la época en que llevé a cabo Mi ministerio público. Apenas contaba con tres años y medio para cumplir Mi misión. Sin embargo, me entregaba a las personas, aun a las que, según algunos, no se lo merecían. 

¿De quién es el mérito?

Febrero 2006 | Publicado en Gratitud

Pregunta: En varias ocasiones he sabido de personas que hicieron algo extraordinario o heroico —batieron un récord mundial o rescataron a un niño de un edificio en llamas, por ejemplo— y que dijeron: «Alabado sea Dios», o: «Fue gracias a Jesús», o: «No me lo agradezcan a mí; agradézcanselo a Dios». Cuando alguien ha trabajado arduamente para lograr algo o ha arriesgado la vida por otra persona, ¿no es falsa modestia que le atribuya el mérito a Dios o a Jesús? ¿Por qué no habría de aceptar las merecidas muestras de reconocimiento?

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