Oración para hoy

Querido Jesús, antes de que arranque el año, quiero pasar unos momentos contigo.

Tu Palabra promete que «los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas»(Isaías 40:31 NTV). Dame fuerzas para lo que sea que me depare este año.

El rey David rezó: «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí» (Salmo 51:10). Quiero tenerte en mi vida y en mi corazón, para que me guíes de día en día. 

Señor, te elevo mi corazón, mente y espíritu en oración, alabanza y acción de gracias. Eres el dador y la imagen de todo lo bueno.

Eres mi Creador, mi Padre, fuente de vida y de fuerzas. Haces salir el sol, haces brillar la luz y eres quien trae la noche. Me sostienes en Tus brazos. Me consuelas en mi abatimiento. Me abrigas con Tu amor. Me escudas, me amparas y provees para mis necesidades.

Toda paz, contentamiento y bendición provienen de Ti. Te alabo, te honro y te doy gracias. Amén.  

Oh Señor, Tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son Tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de Ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra.

Padre celestial, Tu creación cambia incesantemente, con estaciones, ciclos y constante movimiento. Ayúdame a mí a fluir de la misma manera, a no tener miedo de abandonar mis hábitos y procedimientos acostumbrados para descubrir cosas nuevas. En lugar de refugiarme en la seguridad y comodidad de lo conocido, ayúdame a aventurarme por nuevos territorios. 

Dios, concédenos…
serenidad para aceptar lo que no podemos cambiar,
valor para cambiar lo que sí podemos y
sabiduría para distinguir entre lo uno y lo otro;

Jesús, cuando me siento débil, me invade la fatiga o estoy de mal humor, Tú acudes enseguida para envolverme en Tus brazos, consolarme y asegurarme que todo se arreglará. Te inclinas hacia mí, me calmas los nervios, disipas mis preocupaciones y temores y alejas la confusión que me abruma.

Al meditar en Tu promesa de que no me desampararás ni me dejarás (Hebreos 13:5), me embarga una sensación de amor y cariño. No hay nada que se le pueda comparar. Nadie más podría darme esa garantía. Aunque pierda todo lo demás que tiene valor para mí —salud, dinero, seres queridos—, nunca te perderé a Ti.

Hola. Me dirijo a ti con mucho cariño. Ningún regalo podría llenarte el corazón de tantas bendiciones como mereces. Por eso esta Navidad te ofrezco una oración: pido a Aquel que nos conoce a todos que te dé lo mejor de lo mejor. En primer lugar, ruego que tengas felicidad; no una felicidad motivada por algún acontecimiento o por una adquisición muy anhelada, sino una dicha profunda y constante que no dependa de ningún acontecimiento extraordinario.    

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