Oración para hoy

Jesús, yo no era nada; sin embargo, viniste al mundo y moriste por mí para que pudiera vivir eternamente a Tu lado. Descendiste hasta las profundidades para rescatarme, y yo me aferré a Tu mano. A veces me dejo agobiar tanto por los afanes de esta vida y las circunstancias que me olvido de Ti. De todos modos, Tú me comprendes, y no dejas de amarme y de alentarme a acudir a Ti. Me recuerdas que siempre estás a la espera de que me acerque a Ti para recuperar ánimo y fuerzas. Cuando dirijo hacia Ti mi atención, ¡Tu amor me llega de lo alto y me renueva!

Jesús...

Gracias por comprender lo que albergo en el corazón. Te agradezco que no tenga que preocuparme de si me vas a entender. Cuando no logro hablar con claridad y titubeo, o cuando no hallo las palabras precisas para expresar lo que en verdad quiero decirte, agradezco que simplemente pueda echarme en Tus brazos y que Tú le encuentres sentido a lo que digo.

Jesús, a veces soy presa de la ansiedad y la preocupación; pero cuando te encomiendo mis problemas, Tú siempre los resuelves. Y por lo general empiezas por recordarme que eres dueño de la situación, que estás para ayudarme y que no hay nada que no puedas resolver. Lo tomas todo con mucha serenidad y encaras cada problema tan positivamente que mis inquietudes y temores se desvanecen. Los sustituyes por fe y confianza en Ti, y eso supone una diferencia enorme.

Señor, no permitas que atiborre tanto mi vida de cosas buenas que no tenga tiempo para las que son aún mejores. Ayúdame a no vivir con tantas presiones que me olvide de dedicarte tiempo. Quiero bañarme en Tu luz, reposar en Tus brazos, beber profundamente Tu Palabra e inhalar Tu Espíritu. Dame fuerzas para anteponerte a todo lo demás que me agrada. Hazme recordar Tu observación de que sin Ti nada puedo hacer1. Ello evitará que dé excesiva importancia a lo que no la tiene, y de esa manera Tú, Tu amor y Tus valores ocuparán en mi vida el lugar que les corresponde, es decir, el primero.

Jesús, quiero ver el mundo desde Tu perspectiva. Quiero conocer Tu voluntad y hacer lo posible por que se cumpla. Deseo dar la cara por la verdad y la justicia. Dame fuerzas para ello. Indícame cómo puedo mejorar mi entorno. Enséñame a amar y a ayudar a mis semejantes como lo harías Tú si estuvieras hoy en día en la Tierra. Eres el Príncipe de Paz. Hazme saber cómo puedo promover la paz. Amén.

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios (Mateo 5:9).

Jesús, Tú siempre lo resuelves todo para nuestro bien, porque te amamos, y Tú nos amas, y porque lo has prometido. Ayúdanos a ver Tu mano en todo y ayúdanos a aferrarnos fuertemente a ella en toda situación, con el convencimiento de que Tú sabes lo que más nos conviene y solo quieres lo mejor para nosotros. Amén.

Te doy gracias, Jesús, porque a pesar de mis debilidades puedes obrar por intermedio de mí. Muchos creen que pueden prescindir de Tu amor o negar Tu existencia. A mí, sin embargo, me llamaste a salir de la oscuridad, y no solo me has dado la oportunidad de conocer Tu amor de un modo tangible y extraordinario, sino también el honor de transmitírselo a quienes te necesitan. Ayúdame a no ocultar mezquinamente Tu luz y guardarme Tu amor; más bien quiero prodigarlos, como has hecho Tú conmigo. Amén.

Jesús, te doy gracias de corazón por las dificultades de la vida y por las cosas que me resultan arduas. Esas contrariedades me obligan a acudir a Ti, y Tú siempre me brindas soluciones. Haces que todo se me aclare y me resulte muy fácil de entender. Lo único que tengo que hacer es volverme hacia Ti y aceptar lo que me ofreces.

Sin dificultades, decepciones y fracasos desconocería Tu compasión, Tu comprensión y Tu perdón, y no podría transmitir esas virtudes a los demás.

Gracias por todo lo que permites que me suceda para mantenerme humilde y hacerme acudir a Ti. Gracias por guardarme cerca de Ti. Amén.

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