Testimonios

Todo es posible

Junio 2006 | Publicado en Sanación

Ana tenía casi dos años y ocho meses cuando notamos que le resultaba difícil apoyarse de lleno en el pie izquierdo.

Aunque inicialmente era algo casi imperceptible, empeoraba día a día. Al no lograr diagnosticar la dolencia, el ortopeda y el pediatra solicitaron un TAC.

Un milagro a la medida

Junio 2006 | Publicado en Sanación

Hace más de 20 años, poco después de iniciar mi labor voluntaria con La Familia Internacional, un compañero llamado David advirtió que yo llevaba en el pie derecho un zapato ortopédico con tacón extra alto. Me lo habían prescrito para corregir un defecto de mi pierna derecha, que era un centímetro y medio más corta que la izquierda. Para compensar, la columna se me había curvado, de tal manera que las actividades de todos los días me causaban dolores y molestias. Tanto es así que médicamente se me consideraba inválido.

Dones para toda la vida

Mayo 2006 | Publicado en Día de la Madre

Los obsequios más valiosos que mi madre me hizo fueron el valor y la fe.

Algunos padres enseñan a sus hijos valor, determinación y una miríada de otras virtudes leyéndoles relatos sobre las grandes proezas llevadas a cabo por célebres hombres y mujeres de antaño, con la esperanza de que eso los induzca a ser así.

Mi madre no.

Amor maternal sin límites

Mayo 2006 | Publicado en Día de la Madre

Era un día de junio de un calor húmedo y pegajoso, anormal incluso para el verano. Los chicos del Calvert Country School, en la costa Este de los Estados Unidos, habían decidido que la actividad más apropiada para la ocasión era refrescarse con el sistema de riego del jardín.

Juntamente con tres amigos, todos ellos integrantes de La Familia Internacional, había sido invitada a aquel colegio para niños con impedimentos físicos y mentales para participar en su asado anual de graduación. Nos vestimos de payasos y nos pasamos la tarde charlando, riendo, regalando figuras de globos y pintando caritas.

«¿Verdad que es estupendo...?»

Mayo 2006 | Publicado en Descubrir a Jesús

Puede una sola persona tener un efecto significativo en los demás? Una mujer corriente de mediana edad lo tuvo en mí.

Yo era una chica buena, todo el mundo lo decía. En la primaria fui la mejor alumna de mi colegio en Inglaterra. Saqué notas sobresalientes en todos los exámenes. Obtuve una codiciada beca universitaria que incluía viajes al exterior. Visitaba un orfanato todas las semanas y en mis ratos libres atendía a niños con graves impedimentos mentales. Dedicaba mi vida a ayudar a los demás mediante la psicología clínica. Fui maestra de catequesis durante años. No bebía, ni fumaba, ni tomaba drogas. ¿Qué podía faltarme? Una persona lo percibió casi enseguida.

Entrevista con mamá

Mayo 2006 | Publicado en Día de la Madre

La generosidad de una madre es inmensa. Su vida entera es un obsequio de amor para su familia. Peregrinamos lejos de nuestros orígenes, y entonces algo nos tira del corazón y nos trae de vuelta a casa para redescubrir quiénes somos y de dónde venimos.

Unos meses antes que mi madre pasara a mejor vida, me senté con ella y le planteé algunas preguntas sobre su vida. Si nunca has hecho algo así, te lo recomiendo. Seguramente aumentará el aprecio que ya le tienes a tu madre.

La cruz frente a la terminal de autobuses

Abril 2006 | Publicado en Semana Santa

Era Semana Santa en Jerusalén. Por las callejuelas empedradas de la Ciudad Antigua se oían los gritos de los mercaderes, y el persistente aroma de infinidad de especias exóticas inundaba el aire, impregnándolo todo. Puestos adornados con bordados palestinos de vistosos colores exhibían brillantes joyas orientales. Rítmicos temas de música pop en árabe resonaban en las disquerías, mientras multitudes de turistas, peregrinos y habitantes se agolpaban en las calles. Sin embargo, tras aquella apariencia de alegría y vistosidad se respiraba una tensión. En cada esquina, pequeños grupos de soldados israelíes toqueteaban nerviosamente sus armas automáticas.

Una experiencia sublime

Febrero 2006 | Publicado en Sanación

Era enero de 2001. Papá tenía 81 años y se lo veía vencido por el peso del desconsuelo tras la partida de mamá, que había pasado a mejor vida dos meses antes. Estando ya tan débil, una infección viral le paralizó una cuerda vocal, reduciendo su voz a apenas un susurro. Como no podía llamarnos si necesitaba ayuda, le tocaba llevar siempre consigo una campanita. Papá es muy sociable por naturaleza, por lo que la imposibilidad de hablar le resultaba doblemente difícil.

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