El Tiempo del Fin

De tanto en tanto esta columna hace referencia al tema de la imagen de la Bestia. Hace poco estaba observando una foto de una colosal estatua bañada en oro de un dictador recientemente fallecido. Me dio que pensar. Se ve que a los dictadores les encanta erigir gigantescas estatuas de sí mismos.

Por lo que se deduce de la Biblia, el peor tirano que el mundo llegará a conocer seguirá la tradición de sus predecesores. Me refiero, lógicamente, al Anticristo, a quien el apóstol Juan llamó «la Bestia» en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis. 

La sociedad del dinero electrónico

«Hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les imprimiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que nadie pudiese comprar ni vender, sino el que tuviera la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13:16–18, NC).

«El anticristo viene»1.

La señal más sobresaliente y aciaga del fin del mundo tal como lo conocemos hoy, a la que la Biblia dedica varios capítulos clave, será el surgimiento de un perverso tirano al que se conoce como el Anticristo o la Bestia, el cual establecerá un gobierno supranacional «sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación» (Apocalipsis 13:7). Existen indicios de que el mundo se encamina hacia un gobierno planetario como el que parece sugerir ese versículo.

La escena se repite con frecuencia en el cine y en la tele, y muchos la hemos vivido en carne propia: El paciente internado en la unidad de cuidados intensivos se debate entre la vida y la muerte mientras sus familiares y amigos aguardan angustiados en la sala de espera o deambulan nerviosamente por los pasillos del hospital. Ruegan que el desenlace sea favorable, pero igual se preparan para lo peor. Escudriñan el rostro de cada médico y enfermera que entra o sale de la UCI buscando algún destello de esperanza. Se aferran a cada palabra comedida que emiten los profesionales. ¿Sobrevivirá el paciente? Y si así es, ¿sufrirá daños permanentes? ¿Retomará su vida normal?

—¡Acabo de leer un libro que me ha dejado pasmado!

Mi amigo, que normalmente se toma la vida con soda, estaba bastante exaltado.

—¡Te digo que esto va a pasar muy pronto!

—¿El qué?

—¡El fin del mundo tal como lo conocemos hoy!

¿Nunca has echado un vistazo a la última página de un libro de suspenso que estabas leyendo para averiguar cómo se desenredaba la trama? Y ¿no has adelantado alguna vez una película para ver su desenlace? ¿No te gustaría poder hacer eso con el tiempo mismo, trasladarte al futuro para dilucidar el destino que le aguarda a la humanidad? La idea no es tan descabellada.

«¿Cómo es que nunca había oído hablar de esto? —me pregunté—. ¿Por qué no es de conocimiento general?» Eso fue poco después de recibir a Jesús en mi corazón, cuando me puse a estudiar por primera vez las profecías de la Biblia y el Apocalipsis, y me enteré de lo que eran los Postreros Días y el Anticristo.

La clase que más me fascinó —«Las 70 semanas de Daniel»— explicaba una profecía que predijo los siguientes cuatro acontecimientos:

Pregunta: ¿Es verdad que estamos en el Tiempo del Fin? Hace cientos de años que la gente anda diciendo eso, y sin embargo, aquí seguimos.

Respuesta: Cierto; de todos modos, ahora se observan señales del Fin que no se habían visto en generaciones anteriores. Por ejemplo, la tecnología ha avanzado hasta tal punto que hoy en día sería totalmente viable imponer la marca de la Bestia. Todas las señales del Fin que aún no se han hecho realidad podrían cumplirse en cuestión de años.

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