El Tiempo del Fin

El libro del ­Apocalipsis predice que, antes del regreso de Jesús, un dictador al que se conoce como el Anticristo gobernará el mundo durante siete años. Abolirá todas las religiones e insistirá en que todos le rindan culto. Juntamente con su jefe de gabinete, a quien el libro del Apocalipsis llama el «falso profeta», también instituirá la «marca de la Bestia», con el objetivo de establecer un control político y económico absoluto.

Cuando vino a nuestro mundo hace casi 2.000 años, los dirigentes de Su propio pueblo lo rechazaron y no quisieron saber nada de Su mensaje de amor y salvación. Querían un salvador, un mesías, un gran rey, pero no uno nacido en un establo y criado en una pobre carpintería, que elegía a Sus amigos y seguidores de entre humildes pescadores, recaudadores de impuestos, borrachos y prostitutas. Fueron escasos los ricos y poderosos de Su época a los que les interesó el espíritu de libertad que ofrecía a quienes aceptaban las verdades que anunciaba. Solo querían liberarse del yugo romano y de tener que pagar impuestos a Roma. Tampoco ansiaban los tesoros y recompensas eternos que prometía a los que creyeran en Él y lo siguieran. Querían un mesías, un rey que estableciera enseguida un reino material rico y poderoso.

Inicialmente el Anticristo dará la impresión de ser el superestadista que el mundo entero lleva tiempo esperando, dado que forjará la paz en el mundo y generará estabilidad económica. La mayoría de la gente lo verá como un pacificador, un dirigente con gran poder de convocatoria. «Estando la provincia en paz y en abundancia, entrará» (Daniel 11:24) y «tomará el reino con halagos», o «con intrigas», como se traduce a veces el vocablo hebreo chalaqlaqqoth (Daniel 11:24,21).

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