El Cielo

Un lugar fuera de serie

Cuando estuve en la Tierra dije a Mis discípulos que iría delante de ellos a prepararles un lugar1. Ese lugar está destinado a todos los que me han convidado a entrar en su corazón y en su vida. Quiero que sea el sitio más maravilloso que ha habido jamás, perfecto en todo sentido. Tendrá magníficas moradas en las que estarán cómodos y podrán gozar de la belleza que habrá a su alrededor.

Pasar a mejor vida

Soy criatura de un día. Paso por la vida cual flecha que corta el aire. Soy un espíritu que procede de Dios y vuelve a Dios. Una cosa quiero saber: el camino al Cielo.—John Wesley

El mundo no es más que una enorme posada en la que nos alojamos un par de noches para luego partir. ¡Qué insensatez es esta de fijar nuestro afecto en la posada y olvidarnos de nuestro hogar!—Thomas Watson

Para el último viaje no es menester equipaje.—Refrán español

Esperanza viva

Hace poco reflexioné sobre la muerte, cómo a pesar de todos los avances de la medicina, tarde o temprano todo ser vivo muere. Sentí curiosidad por saber qué dice la Biblia al respecto. Encontré algunos pasajes asombrosos.

Resulta que la muerte no figuraba en el plan original de Dios para Su creación. Fue introducida a raíz de la desobediencia del hombre. El designio divino era que el hombre viviera para siempre; pero Dios no pudo permitir eso a causa de la naturaleza pecaminosa del hombre tras la caída. 

Un mundo de amor—Así es el Cielo

La Biblia describe muchas de las cosas que nos aguardan en el Cielo. Explica cómo es, cómo seremos nosotros y a qué nos dedicaremos. Además hay numerosos testimonios de personas que, estando clínicamente muertas, tuvieron vislumbres del Cielo. Otros han tenido visiones o sueños de seres queridos ya fallecidos, que en algunos casos les transmitieron mensajes detallados sobre su vida en el más allá.

Te imagino en el Cielo

Esta tarde, mientras recorría los caminos que serpentean por los cerros que hay detrás de mi casa, me acordé de que la semana que viene se cumplirán cinco años desde la última vez que te vi, desde que nos dejaste. Inicialmente pensar en eso me entristeció, pero de golpe lo vi desde otra perspectiva. Cinco años en el Cielo. Llevas cinco años en el Cielo. ¡Debe de ser sensacional!

Al doblar una curva me topé con una magnífica puesta de sol. El cielo parecía una acuarela de matices rosados y azules. Por la cercanía de los monzones, grises nubarrones habían estado todo el día alternándose, a veces de repente, con cielos despejados, realzando todavía más la belleza del paisaje.

Lágrimas en el Cielo

La Biblia no dice que no vaya a haber lágrimas en el Cielo. Cuando lleguemos allá y nos veamos cara a cara con el Señor, todos derramaremos unas cuantas por las oportunidades que desaprovechamos, los errores que cometimos y las personas con las que habríamos querido ser más amorosos y considerados. Todos tendremos algo de qué lamentarnos o avergonzarnos.

Pero el Señor es tan magnánimo que dice que secará todas esas lágrimas. «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos» (Apocalipsis 21:4).

¿A puerta cerrada?

En un curso de literatura de la secundaria estudiamos la obra de teatro A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre, en la que los moradores del infierno estaban confinados en una sala. No tenían nada más que hacer que enfrascarse en discusiones infructuosas y carentes de sentido.

En un artículo de David Brandt Berg titulado La puerta verde, el infierno era un lugar impecable parecido a un hospital, en el que había un sinfín de habitaciones llenas de personas que se dedicaban más o menos a lo mismo que habían hecho en la Tierra, solo que sin esperanza de lograr nada útil: unos científicos realizaban experimentos interminables que no arrojaban resultados; los soldados libraban combates que no cesaban nunca; los trenes nunca llegaban a su destino, y las naves espaciales jamás lograban despegar. Nunca se conseguía nada. En Infierno, la primera parte del poema épico La divina comedia, de Dante, se describe una parte de ese lugar de tormento como una sucesión interminable de montañas que hay que escalar una tras otra.

Tu morada celestial

Si de buenas a primeras te dijeran que eres dueño de una flamante mansión palaciega, ¿te lo creerías? ¿Y si te lo garantizaran con escrituras y documentos? ¿No te morirías de curiosidad por saber dónde está localizada esa lujosa vivienda y qué aspecto y características presenta? ¿No harías indagaciones sobre la vista que tiene, los vecinos, el clima del lugar y todos los detalles habidos y por haber? Es más, ¿no te pondrías a soñar con el día en que por fin te mudaras a semejante mansión? Y ¿cómo crees que esa noticia te afectaría? ¿Alteraría tu escala de prioridades y tu forma de vida?

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