¿Mascotas en el Cielo?

¿Mascotas en el Cielo?

Las mascotas o animales de compañía hacen las veces de hermanos, ayudantes y fuente de consuelo en tiempos difíciles. Cuando mueren, el sentimiento de pérdida que producen puede ser muy doloroso. Quienes pasan por experiencias así a menudo buscan respuestas y abrigan la esperanza de que no hayan perdido para siempre a ese ser que se introdujo tan tiernamente en sus afectos. Nuestra compasión y comprensión puede ayudarlos a acudir a Dios para obtener consuelo. Nuestras palabras pueden contribuir a que tengan confianza en que al llegar al Cielo se reencontrarán con sus amados animalitos.

Creo que en el Cielo funcionará el mejor servicio de rescate de mascotas, toda vez que allá Dios restaura Su creación a su estado de perfección original. Aunque no podemos probar con pasajes de la Biblia que las mascotas van al Cielo, sabemos que Jesús nos ama y quiere que estemos contentos y felices en nuestro eterno hogar celestial.

En una conversación reciente alguien me contó lo difícil que había sido tener que sacrificar a su perro cuando ya era viejo. Por muchos años ese perro había sido su apreciado compañero y había estado a su lado casi ininterrumpidamente; había dormido junto a su cama y había sido el amigo con el que podía hablar cuando se sentía solo o deprimido. Un día ese entrañable animal apareció de la nada en la puerta de su casa. El hombre estaba convencido de que Dios había enviado a esa tierna mascota en un momento en que él tenía gran necesidad de compañía y de amor incondicional.

Entre ellos se había formado un fuerte vínculo, al punto que el animal llegó a ser para él motivo de orgullo y alegría. Llegó a ocupar el sitial de las cosas que más quería en este mundo. Me di cuenta de que la muerte del perro le causó una profunda pena, casi tanto como si hubiera sufrido la pérdida de un integrante de su familia. Dejó en su corazón un doloroso vacío y un intenso sentido de pérdida.

Le dije que creo que el amor ilimitado que Dios tiene por nosotros hará que nuestro hogar eterno sea un lugar feliz donde Dios ha prometido concedernos los deseos de nuestro corazón conforme nos deleitamos en Él, lo cual quizás incluya reunirnos de nuevo con los animalitos que en la Tierra significaron tanto para nosotros.1

Apoyar a quienes han perdido un animal muy querido da oportunidad de estrechar lazos con ellos en momentos en que necesitan ayuda, el amor de Dios y la esperanza de lo que ese amor puede hacer. Nuestro gran privilegio —y deber— es brindarnos a los que necesiten consuelo y apoyo en una época de sufrimiento, y ofrecérselos en circunstancias que satisfaga su necesidad.

El siguiente relato demuestra la poderosa ayuda que puede llegar a ser este modo de abordar el tema:

Hace unas semanas, varios niños de nuestro barrio vivieron una experiencia dolorosa: la muerte repentina de su perrita Kalúa. Se decidió que Kalúa descansara a la sombra de un árbol en el jardín de su casa, junto a una hermosa estatua de un ángel. En la mañana del sábado se celebraría una sencilla ceremonia en su honor. Me ofrecí a pronunciar unas palabras durante el entierro para animar a los niños.
Nos reunimos en el jardín una bella mañana de verano. Expliqué a los niños que el Cielo es tan real como nuestro mundo presente, solo que mucho más bonito, y que después de esta vida nos iremos para allá.
Expliqué que la Biblia no es del todo clara en cuanto a algunos detalles, pero que creo, al igual que muchas otras personas, que los miembros de una familia y los amigos íntimos que han partido antes que nosotros y están en el Cielo, nos recibirán allá cuando lleguemos. Además, creo que habrá mascotas en el Cielo.
Después cantamos un himno, pusimos flores en la tumba de Kalúa y terminamos con una oración. Todos los niños se despidieron y volvieron a sus ocupaciones habituales. Sin embargo, los adultos que habían asistido a la ceremonia se quedaron y no dejaban de darme las gracias. Me dijeron entre otras cosas:
—Qué hermoso estuvo.
—Fue reconfortante.
—El mejor oficio fúnebre al que he asistido.
Les di las gracias. Al principio pensé que lo decían por cortesía nada más, pero a medida que proseguía la conversación me di cuenta de que a ellos también los había consolado la descripción que les hice del Cielo. Me di cuenta de lo poco que la gente sabe acerca del tema. Muchos no entienden que si aceptan la salvación que Dios les ofrece por medio de Jesús se les abrirá de par en par la puerta cuando lleguen al Cielo. Nosotros, los creyentes, no debiéramos abrigar ningún pensamiento sobre el Cielo o la otra vida que no sea de alegría y gratitud por haber recibido un regalo tan valioso.2
*

Dios hará los arreglos necesarios de modo que nuestra felicidad sea perfecta en el Cielo. Y si para ello mi perro debe estar allí, creo que así será. Billy Graham (1918–2018)

1. V. Salmo 37:4
2. El artículo de Martin McTeg se publicó en Reflexiones 427, en julio de 2008

Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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