Todo un nuevo mundo

Todo un nuevo mundo

Algún grado de daltonismo afecta a alrededor del 8% de los hombres y a menos del 1% de las mujeres. El grado de anomalía va desde una ligera incapacidad para distinguir entre ciertos colores hasta la acromatopsia o daltonismo total. Eso significa que hay entre nosotros personas que no pueden disfrutar de toda la paleta de hermosos colores con los que Dios ha salpicado Su creación.

Pese a ello, recientemente muchas personas que padecen este mal han podido distinguir los colores por primera vez en su vida con la ayuda de unos nuevos lentes fabricados por la empresa EnChroma. Dichos lentes filtran selectivamente las longitudes de onda de la luz en el punto exacto donde se produce la confusión o superposición de los colores. Ello permite al usuario ver los colores con mayor precisión o incluso por primera vez. Mientras que para algunos la diferencia podría no ser tan marcada, para muchos las mejorías son tan grandes que les ha cambiado la vida.

Hace poco tuve la oportunidad de ver una serie de videos de personas con daltonismo que se ponían por primera vez esas increíbles gafas. En la mayoría de los casos estas eran un obsequio de familiares o amigos y los beneficiados aparecían rodeados por otros seres queridos en medio de objetos de colores vivos como globos y flores. Muchos al distinguir colores por primera vez en su vida se emocionaron a tal punto que prorrumpieron en llanto. Algunos señalaban emocionados diversos objetos y con asombro hacían preguntas estilo: «¿Ese es el morado?» «¿Ese es el naranja?» Otros resultaban tan sobrecogidos que simplemente tomaban asiento.

Al observar esas reacciones recordé el versículo bíblico: «Ningún ojo ha visto, ningún oído ha escuchado, ninguna mente humana ha concebido lo que Dios ha preparado para quienes lo aman.»1

Vivimos en un mundo de espléndida belleza y nuestro espíritu habita cuerpos magníficos que nos permiten gozar de muchas experiencias maravillosas. No obstante, dichas experiencias no son del todo perfectas. Por desgracia, ahora mismo, al igual que los daltónicos, no podemos disfrutar plenamente de la creación de Dios y de las bellezas naturales.

Cuando damos un paseo por un precioso bosque quizá nos toque lidiar con insectos o con mal tiempo. ¿Te encanta la nieve? Ten cuidado, no sea que te congeles. ¿Te fascina la comida? No comas más de la cuenta ni algo que te siente mal o que podría intoxicarte. Nuestro cuerpo tampoco es perfecto. Nos cansamos, nos enfermamos; algunos incluso sufrimos de dolencias crónicas debilitantes. Si bien son incontables las cosas buenas y hermosas que podemos disfrutar en esta vida, siempre parece haber algo que nos impide el goce de las mismas.

¡Pero todo eso va a cambiar cuando lleguemos al cielo! Todo lo que nos impida disfrutar de la belleza de la creación desaparecerá.2 En aquel día, lo mismo que los usuarios de los lentes EnChroma, nos veremos sobrecogidos por la hermosura de lo que nos rodea.

Quienes han pasado por experiencias cercanas a la muerte afirman que visitaron un lugar de belleza indescriptible. Una tierra muy similar al mundo que conocemos, pero muchísimo más hermosa. Describen que las flores y los árboles son de colores mucho más vivos. Algunos afirman haber visto colores y oído sonidos inéditos para nosotros ahora. Otros dicen haber escuchado música y sonidos muchísimos más bellos y armónicos que cualquier cosa que habían oído jamás.

C. S. Lewis en su famoso libro Mero cristianismo afirma que los placeres de los que disfrutamos en esta tierra no son sino copias, ecos o espejismos de sus verdaderas realidades en el cielo:

Si siento un deseo que ninguna experiencia en este mundo pueda satisfacer, lo más probable es que yo haya sido creado para otro mundo. Si ninguno de mis placeres terrenales puede satisfacerlo, no quiere decir que el universo sea un fraude. Probablemente los placeres terrenales no fueron creados para satisfacerlos, sino únicamente para provocarlos a modo de atisbo de lo que realmente son. De ser así, por una parte, debo asegurarme de nunca despreciar ni dejar de agradecer las bendiciones terrenales; y por otra, nunca confundirlas con algo diferente de lo que son: apenas una especie de copia, eco o espejismo. Debo mantener vivo en mi interior el anhelo por mi verdadero país, al que no llegaré sino después de morir; jamás debo permitir que lo tape la nieve o que sea dejado de lado; el principal objetivo de mi vida deberá ser perseverar hasta llegar a dicho país y ayudar a los demás a hacer lo mismo.3

Algún día todo creyente será catapultado de esta vida en la que «ahora vemos todo como el reflejo tenue de un espejo oscuro»,4 al reino celestial, donde contemplaremos a Dios cara a cara y finalmente podremos ver y experimentar Su creación en todo su magnífico colorido y gloria. Al igual que los daltonianos que se ponen por primera vez unos lentes EnChroma, no me cabe la menor duda de que nos extasiaremos con la palpitante euforia del momento.

1. 1 Corintios 2:9 (NVI)
2. V. Apocalipsis 22:3
3. C. S. Lewis (1898–1963), Mero cristianismo (Ediciones Rayo, una rama de Harper Collins Publishers.)
4. 1 Corintios 13:12 (PDT)

Etiquetado como

George Sosich

George Sosich es misionero cristiano, músico y escritor. Vive en Japón.

Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.