Vida después de la muerte

Dios nos acompaña

Había cantado en muchas ocasiones el himno Mi Salvador lo ve, de Frank Graeff. Siempre me había reconfortado su gracia y belleza. Sin embargo, la letra cobró realmente vida cuando murió mi hijo Martín, de tan solo un año. Martín siempre había sido frágil, desde el día mismo en que nació, media hora después de su hermano gemelo. Nacieron sietemesinos en Brasil, y hubo que ponerlos en una incubadora. Su hermano superó rápidamente aquel difícil comienzo. Martín no. Tenía una patología cardíaca y fue sometido a una cirugía a los seis meses, de la cual le costó recuperarse.

Algo más que una ilusión

Tenía ocho años cuando perdí a mi abuelo, que por aquel entonces rondaba los 65. Somos una familia muy unida, y aquello fue un golpe duro para todos.

Todo tiene sentido

Fui una niña solitaria que sufría de ansiedad social aguda. No tuve amigas íntimas. Anhelaba que hubiera alguien con quien pudiera hablar confiadamente de cualquier tema y que a su vez no tuviera miedo de contarme todos sus secretos, disfrutar de una amistad en la que pudiera hallar comprensión y aceptación y mostrarme tal cual era. Pero me imaginaba que esas amistades solo existían en los libros.

Silencio

Últimamente la muerte me ha estado rondando. Mi suegro pasó a mejor vida cuando apenas le faltaba un mes para cumplir 99 años. Mi esposa y yo llevábamos cinco meses viviendo con él y con mi cuñado. Era un anciano distinguido que quería llegar a los 100 años, pero su cuerpo no dio para más.

Liz

Liz

Liz era la mejor amiga de mi madre. La conocía del club de tenis al que pertenecíamos y en cuya tienda de artículos deportivos trabajaba yo al salir del colegio y los fines de semana. Como ella conversaba conmigo de tú a tú, se había ganado mi estima.

Lo que viene después

Cuando el universo me abandone […], cuando el sol esté ausente del cielo y no me alcance el día, cuando el mundo no me proteja del vacío, cuando el todo se aleje y se confunda en la nada, […] entonces cambiaré mi torpe cuerpo por las alas con las que entraré en la mañana del despertar eterno. 
Facundo Cabral (1937–2011)

¿Biodegradación o germinación?

¿Será la muerte tu fin?

La muerte forma parte del ciclo de la vida; no es el fin. Esto se evidencia en todas las esferas de la naturaleza, y quizá no haya ejemplo más claro que el que presentó Jesús a Sus discípulos cuando los preparaba para la muerte que Él iba a padecer: «Si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto»1

Se va con gracia

Revisando los efectos personales de mi madre después que murió, encontré un señalador que desde entonces ha tenido un profundo significado para mí. En él hay un dibujo de una nativa norteamericana ya entrada en años con un vestido largo y vaporoso. En la distancia se divisan unas montañas, y en el cielo, la luna. La mujer tiene los ojos cerrados. Debajo hay una inscripción: «Se va con gracia».

Había oído decir que a ciertas personas Dios les concede gracia para morir en el momento de su fallecimiento, y que otorga una gracia similar a personas que pierden a un ser querido. 

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