Vida después de la muerte

El eterno amor de Dios

Tan pronto como me conecté a Internet un aluvión de mensajes inundó mi bandeja de entrada. Se habían ido acumulando mientras viajaba del Medio Oriente a Europa. Empecé a mirarlos desganadamente, separando el correo basura de los mensajes que sí valían. En esto, me sorprendió encontrar una nota de una persona de la que no había tenido noticias en mucho tiempo. La carta decía:

Hace veinte días, unos análisis revelaron que tengo cáncer. Gracias a Dios, aún no se ha extendido. Me van a operar muy pronto. ¡Ojalá pudieras venir a verme al hospital! Estaré ingresada una semana. No me da miedo operarme, pero estoy un poco preocupada.

Antes... durante... y después

Vida antes de la vida

Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque formidables y maravillosas son Tus obras; estoy maravillado y mi alma lo sabe muy bien. Mi embrión vieron Tus ojos, y en Tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas (Salmo 139:13-14,16).

Así dice el Señor, tu Redentor, que te formó desde el vientre: «Yo el Señor [...] lo hago todo» (Isaías 44:24).

Parábola del rico pobre

José Silo sonrió con aire de suficiencia. Luego de duras negociaciones acababa de adquirir una mayor participación en una empresa. Vivía para momentos así. Inmaculadamente vestido con un traje hecho a medida —que le confería toda una imagen de magnate—, se puso a pensar en lo que había logrado desde sus humildes inicios.

«Seremos transformados»

¿Te has imaginado cómo será tu resurrección?

«He aquí, os digo un misterio —anunció Pablo a un grupo de cristianos de la ciudad griega de Corinto—. No todos dormiremos [estaremos muertos]; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. [...] Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: “Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?”» (1 Corintios 15:51-55).

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