Dios nos acompaña

Dios nos acompaña

Había cantado en muchas ocasiones el himno Mi Salvador lo ve, de Frank Graeff. Siempre me había reconfortado su gracia y belleza. Sin embargo, la letra cobró realmente vida cuando murió mi hijo Martín, de tan solo un año. Martín siempre había sido frágil, desde el día mismo en que nació, media hora después de su hermano gemelo. Nacieron sietemesinos en Brasil, y hubo que ponerlos en una incubadora. Su hermano superó rápidamente aquel difícil comienzo. Martín no. Tenía una patología cardíaca y fue sometido a una cirugía a los seis meses, de la cual le costó recuperarse.

Le rogamos a Dios por su salud, organizamos una cadena de oración, seguimos todos los consejos de los médicos e hicimos todo lo que pudimos por sustentar su pequeña vida. A pesar de ello, se hacía cada vez más evidente que Martín no estaría mucho tiempo más con nosotros.

Por aquel entonces, alguien recibió una visión mientras oraba:

—Martín se curará —nos dijo entusiasmada esta persona—. Lo vi corriendo por una pradera. Estaba muy contento.

Nosotros, empero, sabíamos que se trataba de una visión de nuestro hijo en el Cielo, con el objeto de prepararnos para su partida, una visión de un mundo que llamaba a Martín, que lo invitaba a dejar atrás su sufrimiento y trasladarse allá, donde estaría libre de dolores y penalidades.

Unos días después, Dios se lo llevó suavemente mientras yacía en el regazo de su madre. Ya nos lo esperábamos: Dios nos había avisado. Aun así, fue desgarrador. Los padres no están hechos para sobrevivir a sus hijos, para enterrarlos en un pequeño ataúd en un país extranjero.

Muchas personas nos preguntan:

—¿Dónde estaba Dios cuando tu hijo lo necesitaba? ¿No podría haberlo sanado para que estuviera hoy contigo?

Por supuesto que sabemos que podría haberlo hecho. Pero la cuestión no es esa.

El caso es que Dios nos acompañó; nos sostuvo paso a paso, nos infundió paz, nos dispensó Su gracia y aun el gozo de saber que nuestro pequeño estaba a salvo en Sus brazos. Es más, volveremos a ver a Martín cuando nos toque cruzar ese río y echemos ancla en las costas de la eternidad.

¿Crees que Jesús se conmueve al ver
que a quien amo he dicho adiós?
¿Me comprende Él o sabrá tal vez
del dolor de mi corazón?
Ay, sí, yo sé que al verme Él
se compadece de mí.
Si la noche es larga y el día una carga,
mi Salvador lo ve.
Frank Graeff (1860–1919)

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Koos Stenger

Koos Stenger

Koos Stenger es escritor independiente. Vive en los Países Bajos.

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