Milagros y misterios

Mi poder sobrenatural está a tu disposición

He prometido milagros a quienes me aman y me siguen, y no hablo en sentido figurado. Efectivamente, Mi poder es ilimitado, y obraré maravillas para ti y por medio de ti.

Para que se manifieste Mi poder es imprescindible que tengas fe. Debes creer que soy capaz de obrar el milagro y rogarme que lo haga. Cuando pides con fe, estoy obligado por Mi Palabra a darte lo que necesitas. Aunque no siempre sea lo que tú piensas que te hace falta, sin duda proveeré para ti, te protegeré, te libraré, te sanaré o resolveré la situación de alguna otra forma, según juzgue conveniente. En algunos casos se tratará de un milagro patente, en el que se pondrá de manifiesto que respondí a tu oración; en otros, no será tan evidente.

Perdieron el bus

—Otra vez perdí el bus —exclamó Miguel con un suspiro después de haber trabajado horas extra.

En ese preciso momento, Pablo entró en la oficina.

—Pensé que te habías ido a tu casa hace un rato —dijo Miguel—. ¿Por qué volviste?

—Se me olvidó la Biblia —respondió Pablo—, y ahora yo también perdí el autobús.

Al instante escucharon un chirrido de llantas seguido de un fuerte choque. ¡Se había producido un grave accidente!

El alud

Desde hace 15 años trabajo de guía turístico para esquiadores y practicantes de snowboard en las escarpadas montañas Hakkoda de la prefectura de Aomori, en el norte del Japón. Si bien es un trabajo que apasiona y tonifica, conlleva enorme responsabilidad. Turistas ávidos de aventura ponen su vida en mis manos, confiando en que velaré por su seguridad. Durante el largo viaje de subida siempre pido al Señor que me dé buen criterio y orientación física y espiritual. Le imploro además que proteja a cada persona de mi grupo.

En febrero de 2007 siete esquiadores australianos que visitaban la región me contrataron como guía privado. Se acercaba una tormenta, y si no partíamos temprano nos quedaríamos dos días varados en el refugio para esquiadores hasta que pasara el mal tiempo.

El poder de las llaves

A medida que los problemas sociales e internacionales se agravan año a año, muchas personas van perdiendo fe en sus dirigentes y aun en Dios, pues consideran que nunca les darán soluciones reales y duraderas. Así el cinismo y el egocentrismo se transforman en moneda corriente. Con esto se cumple rigurosamente la predicción de Jesús sobre lo que sucedería en la época previa a Su regreso: «Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará» (Mateo 24:12).

Poder espiritual

El poder de Dios hace posibles muchas cosas que superan la capacidad humana. Puede manifestarse de diversas maneras: una curación milagrosa de una dolencia física; alivio del estrés y de las presiones emocionales; una alteración de las circunstancias que no podría haberse producido por alguna intervención humana; perspicacia que trasciende la erudición, los conocimientos y la experiencia terrenales; la capacidad de amar incondicional y abnegadamente, como nos ama Dios. Desde sencillas soluciones hasta milagros indiscutibles, todo proviene de una fuerza ajena a nosotros. Se trata del poder de Dios.

Tú también puedes

Al despedirse de Sus seguidores, Jesús les prometió que los dotaría de un poder sobrenatural. «El que en Mí cree, las obras que Yo hago, él también las hará; y aún mayores hará, porque Yo voy al Padre» (Juan 14:12).

Esa promesa ha permanecido vigente durante dos mil años. Muchísimos cristianos han hechos esas obras mayores. Dios dispensó poderes a personas comunes y corrientes como nosotros a fin de que obraran milagros. Ese mismo poder milagroso está hoy en día a nuestra disposición: basta con que tengamos fe y actuemos en consonancia con Su Palabra.

La enfermera que me habló al oído

Cuando estaba en la decimoctava semana de mi noveno embarazo, empecé a sangrar un poquito. Fui al médico para que me hiciera unas pruebas y descubrió que tenía un tumor. Me dijo que sería un milagro que no perdiera el bebé.

Rogué a Dios para que así fuera, pues me parecía que iba a ser mi último embarazo. El Señor obró un milagro y dispuso que lo llevara a término a pesar de que tuve muchos dolores en la espalda y en el útero. Me hicieron cesárea, y salió una nena preciosa, grande y saludable.

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