Dios y yo

Dios y yo

Hace poco estuve reflexionando sobre cómo ha cambiado progresivamente mi perspectiva de los milagros a lo largo de mi vida. Si bien tengo fe en Jesús desde niño, suelo compararme con las personas que fueron testigos de sanaciones, resurrecciones y otros milagros increíbles, y pienso que me perdí algo.

Sin embargo, encontré una definición de la palabra milagro que me sorprendió por su claridad: «Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino.»1 Esto me hizo reflexionar más sobre mi pasado, y de pronto recordé varias vivencias que tuve y que coinciden con esa definición. Empezaré por el principio.

Yo nací prematuro, dos meses antes de lo previsto. Pesaba apenas un kilo y medio y vi la luz en medio de un tifón. Debido a que en el hospital se había cortado la electricidad, me llevaron a la sala de cuidados intensivos, el único sector que tenía corriente. Les habían dicho a mis padres que yo seguramente no viviría más que una noche. Pero cuando mi padre oró, se acordó de un dicho que reza: «Lo poco es mucho si Dios está en ello». Aunque yo era muy pequeño y tuve que permanecer en una incubadora durante un mes, aparte que se me aplicó demasiado oxígeno —lo que probablemente causó mi ceguera—, sobreviví y sigo vivito y coleando hasta hoy.

Aquello tal vez nunca salió en las noticias y no representó un suceso que llamara la misma atención que una sanación increíble. A pesar de ello, fue una manifestación del amor, la atención y la omnipotencia de un Dios verdaderamente espectacular.

Dios bien puede obrar milagros realmente admirables, de esos que nos dejarían boquiabiertos. Tanto la Biblia como la historia del cristianismo abundan en relatos de esos portentos. No obstante, he aprendido que cuando reconocemos y admitimos que Dios se nos manifiesta por medios que aunque parezcan insignificantes no dejan de ser evidentes, Él en muchos casos incrementa las expresiones visibles de Su poder para que lo glorifiquemos aún más.

Si te cuesta ver la mano de Dios en tu vida, echa la vista atrás y deja que Dios te recuerde que Él nunca te ha abandonado ni desamparado. Eso reavivará tu fe y te reafirmará que Él no tiene intenciones de dejarte ni abandonarte hoy.

Steve Hearts

Steve Hearts es ciego de nacimiento. Es escritor y músico y vive en Norteamérica. 

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