Algo a partir de la nada

Algo a partir de la nada

Estando de visita en casa de mi padre el día en que él cumplía ochenta y cinco años, tuve oportunidad de ver algunas viejas películas de la familia que mostraron. Nos divertimos mucho viendo a mi hermano gatear, jugar con los cachorros y comer del plato de los perros cuando tenía un año. ¡Quién iba a decir que aquel tierno bebito se convertiría en un distinguido profesor universitario y conferencista de talla internacional! Eso me hizo pensar en cómo Dios crea personas excepcionales a partir de individuos anodinos. 

Venimos al mundo desnudos y completamente desvalidos, y por medio de nuestras experiencias y decisiones, Dios nos transforma en seres únicos. Se dice que Dios se complace en crear a partir de la nada. Yo lo creo. Es más, estoy convencido de que Dios lo hizo todo de la nada.

Los escépticos argumentan: «¿Cómo pudo crearse el universo a partir de la nada? Las leyes de la ciencia afirman que nada puede crearse ni destruirse; solo reordenarse. Es preciso empezar con algo». Quizá la respuesta más clara y convincente que he encontrado para rebatir ese argumento la formuló James Perloff en su libro Tornado in a Junkyard*:

«Según la teoría más aceptada sobre el origen del universo, en determinado momento toda la masa y energía se hallaban comprimidas en un diminuto “huevo cósmico”. Entonces, el huevo explotó y creó el universo. Fue el Big Bang. […]

»El problema es que el Big Bang viola las leyes naturales. Según las leyes de la física, ni la materia ni la energía pueden crearse ni destruirse. Esa es la primera ley de la termodinámica, el principio de conservación de la energía. Como escribió el conocido físico Paul Davies en su libro The Edge of Infinity, el Big Bang “representa una suspensión instantánea de las leyes de la física que permitió que algo saliera de la nada. Fue un verdadero milagro”**.

»Si uno acepta que ocurrió un suceso que trascendió las leyes naturales —en palabras de Davies, un “verdadero milagro”—, sería incongruente excluir la posibilidad de que se hayan producido sucesos similares, tales como la creación del mundo por parte de Dios. Si en efecto hubo un “huevo cósmico”, ¿quién lo puso ahí? ¿Una gallina cósmica? Los científicos siempre han coincidido en que todo efecto tiene una causa. ¿Cómo puede ser, entonces, que el mayor de todos los efectos —el universo mismo— se produjera sin mediar causa alguna?»

Estoy convencido de que esa causa fue la orden de Dios. Dios habló y —¡BANG!—, se creó el universo.

*Perloff, James: Tornado in a Junkyard, Refuge Books, Arlington (EE.UU.), 1999, pág.29.

**Davies, Paul: The Edge of Infinity, Simon and Schuster, Nueva York, 1981, pág.161.

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es guionista y mimo. Dedicó 47 años de su vida a actividades misioneras en 10 países. Él y su esposa Pauline viven actualmente en Alemania.

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