Terrícolas responsables

Terrícolas responsables

Si bien el asunto del calentamiento global tiene sus aristas, no podemos desentendernos de él. Se pueden debatir las causas y buscar culpables hasta la saciedad, pero lo concreto es que por ahora este planeta sigue siendo nuestro hogar colectivo y es tarea de todos velar responsablemente por él.

He leído artículos de varios autores cristianos que en mi opinión abordan el asunto con sensatez: Dios nos encargó que custodiáramos Su creación y es nuestra obligación hacerlo y administrar sus recursos1. Por otro lado, he leído lo que considero un planteamiento irresponsable fundamentado en una aplicación sesgada de ciertos pasajes bíblicos. Responde a la siguiente lógica: Algún día la superficie y la atmósfera de la Tierra serán destruidas en una conflagración global, y Dios creará un mundo nuevo y mejor a partir de los desechos del anterior2; por ende, poco importa lo que hagamos con él ahora. Si el planeta de todos modos va a ser calcinado, ¿para qué preocuparnos por conservarlo? Al fin y al cabo, Dios tiene otros designios.

Si bien es cierto que Dios va a remozar el planeta, eso no sucederá hasta después del Milenio, un período de mil años relativamente paradisíaco posterior a la segunda venida de Jesús. Según las predicciones de la Biblia —y también según muchos expertos modernos—, cuando Jesús regrese para establecer Su reino encontrará al mundo en un estado lamentable. Para entonces, los problemas que estamos creando hoy en día se verán agravados por un régimen global de terror al que la Biblia denomina la Gran Tribulación. Lo encabezará un personaje endiablado conocido como el Anticristo, y concluirá con la apocalíptica batalla de Armagedón. Aunque Jesús pondrá las cosas en orden, la limpieza subsiguiente no se hará de la noche a la mañana, como por arte de magia. Eso sí, ya de entrada gozaremos de un mundo mucho mejor, pues estarán prohibidas las guerras, que constituyen uno de los peores perjuicios para el medio ambiente3. En todo caso, habrá mucho trabajo de limpieza física, y Jesús no lo hará todo Él solo.

«Ese no es problema mío —dirán algunos—. Cuando Jesús regrese me llevará al Cielo. Allí estaré a salvo, y todo me será perdonado, porque lo he aceptado como Salvador». En efecto, cuando Jesús regrese, todos los que lo hayan recibido —estén vivos o muertos— se levantarán para reunirse con Él en el aire y serán llevados al Cielo. También es cierto que a todos se les perdonarán sus pecados. Pero hay algo más que se debe tener en cuenta: En el Cielo, cada uno será recompensado según las obras que haya hecho en vida. «Es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo»4.

Aunque desde hace muchos años me considero un igualitario y me gusta hablar de la igualdad entre los hombres, la sociedad del Cielo no estará desjerarquizada. Los que se hayan esforzado por vivir según los preceptos del amor a Dios y al prójimo5 estarán en la cima de la pirámide, mientras que los que se hayan conducido egoístamente se encontrarán con recompensas bastante magras en la otra vida. Irán al Cielo porque la salvación es un don irrevocable que no se obtiene por méritos propios, pero puede que no lleguen mucho más allá de la puerta.

No me sorprendería que muchas de esas personas terminaran colaborando en las monumentales obras de restauración que se llevarán a cabo durante el Milenio, después de la batalla de Armagedón y de otras catástrofes que están profetizadas. Aún quedarán mortales, personas que habrán sobrevivido a la Gran Tribulación y sus secuelas. Estarán muy ocupados haciendo lo que suelen hacer todos los mortales: ganarse la vida y mantener a su familia. Sin embargo, los inmortales, es decir, todos los creyentes —tanto los que estén muertos en el momento en que Jesús regrese como los que sigan vivos— también tendrán un papel que desempeñar. «Serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él mil años»6. La Biblia deja bien claro que quienes hayan sido fieles a sus obligaciones ocuparán cargos importantes, mientras que quienes hayan defraudado la confianza puesta en ellos tendrán que contentarse con tareas de menor cuantía. Los cargos directivos se otorgarán a quienes se los merezcan. Jesús enunció claramente este principio en la parábola del noble que al retornar de un país lejano premió a sus siervos según el esmero con que hubieran atendido a sus deberes. «Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades»7.

A la larga, la Tierra será totalmente renovada; pero hasta entonces, todavía nos quedan un poco más de 1.000 años en que debemos procurar que sea un lugar donde la gente viva feliz y goce de buena salud. Actúa responsablemente.

1. Génesis 2:15
2. Salmo 102:25,26; 2 Pedro 3:7–12; Apocalipsis 21:1
3. Isaías 2:4
4. 2 Corintios 5:10; V. también Daniel 12:2,3; 1 Corintios 3:11-15
5.Mateo 22:37–39
6.Apocalipsis 20:6
7.V. Lucas 19:11-27
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Richard Johnston

Richard Johnston es escritor e investigador. Ha publicado varios artículos en Conéctate.

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