Comunicar nuestra fe

Consolar como somos consolados

Me recosté en el asiento y me quedé esperando a que el avión despegara. Me dolía la espalda. Estaba regresando a casa y tenía los brazos y las piernas agarrotados como consecuencia de las cinco horas en automóvil hasta el aeropuerto y el primer tramo de vuelo, que habían sido otras dos horas. La verdad es que no me hacía mucha gracia otro trayecto de cinco horas en un asiento de clase turista, y menos en un avión atestado.

Gente feliz

Me encantaría que el mundo estuviera lleno de risas sanas y alegres: risas joviales, contagiosas y festivas, risas santas, de esas que propagan alegría por el mundo. «¡Feliz el pueblo cuyo Dios es el Señor!»1 Me encanta ver a Mi pueblo rebosante de alegría, y que esa alegría se manifieste por medio de risas. Se elevan hacia Mí igual que las alabanzas. Se parecen mucho a las alabanzas y suelen entremezclarse con ellas. Llevan alegría al mundo, y para Mí es un gozo oírlas.

¿Por quién haces el tonto?

«Permanezcan en Mí, y Yo permaneceré en ustedes. Así como ninguna rama puede dar fruto por sí misma, sino que tiene que permanecer en la vid, así tampoco ustedes pueden dar fruto si no permanecen en Mí. […] El que permanece en Mí, como Yo en él, dará mucho fruto; separados de Mí no pueden ustedes hacer nada»1.

Saber vender

Hoy fui a la tienda minorista Costco a devolver una aspiradora que compré y estaba defectuosa. Concretada la devolución, como necesitábamos otra aspiradora, nos dirigimos a un pasillo que ofrecía varias marcas y modelos. Justo se dio que una representante de ventas de una de las marcas se encontraba allí exhibiendo sus productos.

Lo mejor del cielo

Yo tenía quince años, y el viernes era mi día preferido, pues significaba ir a la playa. Todas las semanas nuestro grupo juvenil montaba en el paseo marítimo un espectáculo improvisado de canciones y representaciones teatrales con el objeto de difundir el mensaje del amor de Dios entre los transeúntes.

Ilumina tu rinconcito

Me desperecé al oír a un bebé llorar lastimeramente, algo a lo que ya me estaba acostumbrando. Detrás de la cortina que nos separaba, la voz cansina y abatida de su mamá trataba de consolarlo. Yo tenía quince años y me encontraba en la sala infantil del hospital luego de una operación de las amígdalas el día anterior. Contrariamente a lo esperado, se habían presentado algunas complicaciones, y el dolor de garganta y de oídos me impedía dormir profundamente. Presioné con más fuerza la compresa de hielo contra mi garganta y cara y me quedé observando a aquella mamá exhausta y agobiada que paseaba por el angosto pasillo a su pequeño en llanto.

Pon tu grano de arena

Cada día, cuando escucho el noticiero, me entristezco. Prácticamente no hacen otra cosa que hablar de personas en situaciones terribles. En muchas partes del mundo, tanto los cristianos como los no cristianos se enfrentan a enormes sufrimientos de una u otra índole.

Himno en el gimnasio

Esta mañana tuve que obligarme a levantarme de la cama. «Si el sol ni siquiera ha salido; ¿por qué tengo que salir yo?»

Continué dándole vueltas a ese pensamiento mientras me vestía, tomaba la mochila y salía a la calle.

Quizás empatizarás conmigo cuando te cuente a santo de qué madrugué: me dirigía al gimnasio.

<Page 1 of 4>
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.