Comunicar nuestra fe

Adaptarnos a todos

La Biblia dice: «No se amolden al mundo actual» (Romanos 12:2, NVI). Pero al mismo tiempo nos recomienda hacernos «de todo a todos» (1 Corintios 9:22). A primera vista estas instrucciones pueden parecer contradictorias, pero en realidad se complementan. A Dios no le agrada que adoptemos modos y costumbres contrarios a Sus preceptos, por muy generalizados que estén. Pero sí desea que nos mantengamos en sintonía con la sociedad, a fin de que comuniquemos más claramente Su amor a los demás y los atraigamos a Él.

«No seas vencido»

«No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.»—Romanos 12:21

Resulta interesante que el apóstol Pablo escribiera eso a los cristianos de Roma, dadas las evidentes similitudes entre el clima social que había en Roma en el siglo I y el que impera hoy en día en gran parte del mundo. El mal abundaba en Roma, y su influjo era muy fuerte. No fue precisamente por su modestia, bondad y compasión que el Imperio romano se convirtió en la potencia dominante del mundo occidental.

Embajadores del amor

Dios quiere darse a conocer al mundo por medio de Sus hijos. Jesús dijo: «Como me envió el Padre, así también Yo os envío»(Juan 20:21). Él vino a amar al mundo y nos llama a nosotros a hacer lo mismo en todas las facetas de la vida. Nosotros somos el único medio por el que otras personas pueden llegar a conocer Su alegría, paz, amor, felicidad y Cielo. Cualquiera que sea nuestro origen, si tenemos dentro a Jesús somos Sus embajadores, representamos al Rey de reyes que rige los destinos del universo.

Cambian el mundo desde su lugar de trabajo

Tajana Bandera (Rijeka, Croacia)

Soy dentista. Mucha gente llega a mi consultorio todos los días. Es sorprendente cuántos de mis pacientes desahogan sus penas conmigo ni bien entran. Necesitan hablar con alguien, les hace falta ser escuchados. Procuro satisfacer esa necesidad prestándoles oído, y después trato de reconfortarlos y levantarles el ánimo. Naturalmente, Dios está en mucha mejor situación de resolver sus problemas que yo. Por eso siempre trato de incluirlo en la conversación. 

Cambia el mundo

Allá por 1913, un joven de unos veinte años recorrió a pie la Provenza, región del sur de Francia. En aquel tiempo esa comarca estaba muy yerma y abandonada. Había quedado poco menos que devastada por la explotación forestal y agrícola desmedida. Por carecer de árboles que lo asentaran, el suelo había sido desgastado por las lluvias. Toda la zona se había tornado árida y estéril.

Debido al mal estado del terreno ya no se cultivaba mucho allí. Los pueblos se hallaban en estado decadente y ruinoso, y casi todos los aldeanos se habían marchado. Hasta la fauna había emigrado ante la falta de árboles que casi había hecho desaparecer la maleza. Los recursos alimenticios eran escasos, y quedaban muy pocos arroyos.

Déjame amar a los demás por intermedio de ti

Deja que me sirva de tus ojos para ver las necesidades de los demás; de tus oídos para escuchar el clamor de los perdidos; de tu lengua para comunicar Mis Palabras de amor y aliento a los que están alicaídos. Si me lo permites, haré que se te parta el corazón al ver la cantidad de gente que todavía no sabe de Mi amor. Deja que me valga de tus manos para secar las lágrimas de los que lloran, para reconfortar con unas palmaditas en el hombro a los que están desanimados, para prestar ayuda a los que desfallecen a mitad de camino.

El amor le inspiró una idea

«La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» (Romanos 10:17). La fe incluso puede nacer en alguien luego de oír tus palabras o tu testimonio, por ejemplo en un amigo, un familiar o una persona interesada que reciba una carta tuya que contenga Palabras de Dios.

Me viene a la memoria la historia de un chiquillo lisiado del que me hablaron cuando era joven. Se llamaba Tommy. Vivía muy humildemente con una tía suya en un pequeño apartamento del tercer piso de un edificio viejo y ruinoso que daba a una calle bastante transitada. El chico tenía sus facultades físicas tan disminuidas que no podía levantarse de la cama.

El muchacho a la orilla del río

Era un encuentro de esos que se ven en las películas, en que unos extraños escudriñan los rostros de las personas que se hallan en la recepción de un hotel con la esperanza de captar un destello reconocible en los ojos de alguien. ¡De pronto lo vimos! Su sonrisa era inconfundible.

—¡Shao Feng! ¡Después de tanto tiempo! ¡No puedo creer que seas tú!

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