El ateo y la Biblia

El ateo y la Biblia

Mis amigos Frank y Lisa atendían un puesto de exhibición de libros con contenidos bíblicos. Además entregaban volantes a los que pasaban. Un señor se detuvo, miró la mesa y exclamó:

—Ah, ¿literatura cristiana? Soy ateo.

Mis amigos le sonrieron como si nada y se pusieron a conversar con él sin ánimo de discutir sobre el tema. Hablaron sobre arte —la hermana de aquel hombre era pintora—, excursionismo, la vida, la economía y en general trataron de ser alentadores y positivos.

Al cabo de un rato la hermana de ese señor salió de otra tienda y también se detuvo. Él le presentó a Frank y Lisa y le dijo:

—Son misioneros cristianos, que hacen una buena obra. Échale una mirada a sus productos. A mí no me interesan, claro. Soy ateo.

Volviéndose hacia Frank y Lisa, comentó:

—Sin embargo, debo decir que la canción Amazing Grace («Gracia admirable» o «Sublime gracia») me encanta. No me explico por qué, pero cada vez que la oigo me hace lagrimear.

Mientras hablaba sus ojos se aguaban. Y continuó:

—Entonces vi la película Amazing Grace. Fue increíble.

La conversación continuó unos minutos. De golpe el ateo se detuvo en medio de una frase y dijo:

—¿Saben qué? Voy a comprar uno de sus libros. Voy a llevarme una Biblia.

Tomó un ejemplar de la mesa y dijo:

—Esta. Me voy a llevar esta. La voy a poner en mi bolso y la voy a leer.

Giró hacia su hermana, que no daba crédito a lo que veía, y riéndose exclamó como si él mismo no lo creyera:

—¿Qué les parece? Un ateo comprando una Biblia.

Enseguida ambos partieron.

Huelga decir que Frank y Lisa quedaron boquiabiertos al ver obrar así a Dios. Frank me dijo después:

—Si había alguien —cualquiera— que me habría gustado que se llevara esa Biblia, era un ateo. Ahora Dios puede obrar en su corazón y ayudarlo a experimentar plenamente la gracia sublime.

Enterarme de aquel incidente me animó en el sentido de que, primero, nunca debemos juzgar a una persona basándonos en impresiones inmediatas; y segundo, que el Espíritu de Dios es perfectamente capaz de influir hasta en los corazones más desorientados. Dios prometió que Su Palabra nunca volvería vacía (sin efecto); siempre cumple el propósito para el que Él la envió.1 De ahí que aquella interacción asombrosa quizá sea apenas el punto de partida de una transformación mayor a futuro.

1. V. Isaías 55:11

Chris Mizrany

Chris Mizrany

Chris Mizrany es misionero, diseñador de páginas web y fotógrafo. Colabora con la fundación Helping Hand en Ciudad del Cabo, Sudáfrica.

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