Volver a lo esencial

Volver a lo esencial

Me encontraba en la fila de la caja de una tienda y noté que la señora que estaba delante de mí vestía una camiseta de vivos colores con un versículo de la Biblia inscrito en ella. Cuando agradeció a la cajera, le dijo:

—Mi amor, espero que sepas que Jesús te ama.

No puedo menos que admirar a personas capaces de comunicar el amor de Jesús así, con tanta franqueza. Aunque por otro lado me pregunto si ese método es el más apropiado para . Uno de las tareas más difíciles que enfrento como seguidora de Jesús es aprender cómo y cuándo darlo a conocer a los demás.

Deseo ser «la luz del mundo»,1 pero no quisiera con ello incomodar a la gente o que fuera algo motivado por un sentimiento de culpa o por algún otro sentimiento negativo. Necesito respuestas prácticas y procesables. Necesito conceptos que puedan convertirse en hábitos, que a su vez produzcan resultados. A continuación les entrego algunas pautas que me están ayudando a crecer en lo que a transmitir mi fe se refiere.

Amar a los tuyos
Jesús dijo: «Si se aman de verdad, entonces todos sabrán que ustedes son mis seguidores».2 Eso significa que lo que nos distingue como seguidores de Jesús no es solamente el trato que damos a desconocidos, sino particularmente cómo tratamos a otros cristianos. Me atrevería a decir que Jesús sabía que cualquiera puede presentar una linda fachada y portarse amablemente con un desconocido por un rato. Sin embargo, lo que realmente pone de manifiesto nuestro corazón es la forma en que tratamos a los de nuestra propia casa, iglesia o fe.

No ser hipócritas
Si solemos ser malhumorados, temperamentales, chismosos o desconsiderados, resulta difícil decirle a la cajera «Jesús te ama» y albergar alguna esperanza de que alguien nos crea. La mayoría de nuestras relaciones son con personas con quienes interactuamos todo el tiempo, en el trabajo, en el colegio, en nuestro vecindario. Mostrarnos alegres, considerados y prestos a servir a los demás puede tener buenas repercusiones.

Conducirse con naturalidad
El otro día hablaba con un compañero de trabajo, un joven que tiene una filosofía de vida muy secular. En el transcurso de nuestra conversación le mencioné que generalmente me ofrezco de voluntaria en mi iglesia los domingos. Noté que aquello lo sorprendió. «No pareces una persona religiosa ni hablas como una», me dijo. No es necesario que cada testimonio que damos de nuestra fe sea intenso. Ese tipo de conversación informal bien puede servir para picar la curiosidad.

Estas pautas son bastante elementales. No obstante, dar a conocer a Jesús —de una forma u otra— debería ser algo bastante elemental y habitual en nuestra vida cotidiana.

1. Mateo 5:14
2. Juan 13:35 (TLA)

Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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