Ejercicios espirituales

Silencio

El bienestar espiritual incide en el bienestar general. Cuando el espíritu está sosegado y en paz, el organismo se beneficia. La Biblia dice: «Acercaos a Dios, y Él se acercará a vosotros» (Santiago 4:8). La música inspirativa, la lectura y la oración en voz alta pueden ayudarnos a acercarnos a Dios. Sin embargo, también debe haber momentos en que comulguemos con el Señor en silencio. Él dice: «Estad quietos y conoced que Yo soy Dios» (Salmo 46:10). El objeto de este ejercicio espiritual es serenar el espíritu dedicando 10 o 15 minutos a reflexionar en silencio.

¿Quieres rendir más?

¡Qué gran diferencia puede hacer el contar con una fuente externa de energía! Antes del invento de la trilladora a fines del siglo XVIII, separar el grano de la paja y la cáscara requería considerable tiempo y esfuerzo. Hoy en día, en la mayor parte del mundo, las tareas de recolección, agavillado y trilla generalmente se hacen con una cosechadora a gasolina o diesel. Así, un peón agrícola recoge en un día más de lo que antes recogían entre cien.

El rincón tranquilo

Este ejercicio puede parecer más práctico que espiritual. No obstante, es clave para la salud y el desarrollo espiritual. Si hay en tu casa un rincón que no esté abarrotado de cosas, al que puedas retirarte a meditar y orar serenamente, ya tienes una gran ventaja. Lo mismo si vives en un lugar de clima templado y puedes sentarte al aire libre a gozar de la tranquilidad de la naturaleza. En el común de los hogares hoy en día suele haber mucha actividad y ruido, por lo que no es nada fácil encontrar un sitio donde pasar unos minutos de silencio. 

Extinguir la ira

Imagínate tres grandes volcanes. El primero está extinto. Donde una vez corrieron ríos de lava, hoy hay prados y bosques. Múltiples formas de fauna y flora viven en sus serenas laderas. El segundo es un volcán inactivo. Al igual que el primero está cubierto de exuberante vegetación y es el hogar de muchísimos animales. Sin embargo, dentro de él el magma no se ha enfriado ni solidificado. Aunque por fuera todo parece apacible, algún día volverá a entrar en erupción. Con gran furia arrojará rocas y cenizas y destruirá todo lo que crece y vive en sus inmediaciones.

Acción por medio de la oración

Orar por otras personas es un medio eficaz de llevar el amor a la práctica. Es traducir en hechos nuestros pensamientos sobre alguien y nuestro deseo de ayudarlo. La oración surte efecto: lo pueden atestiguar millones de personas de todo el mundo. Nuestras plegarias mueven la mano de Dios y lo llevan a hacer lo que le pedimos. Las respuestas no siempre vienen enseguida ni tal como imaginábamos. Pero a la larga Dios contesta del modo que considera más conveniente para todos los afectados.

Nutrir el espíritu

Para conservar la salud es importante nutrirse bien, seguir una dieta con un buen equilibrio entre verduras, frutas, alimentos ricos en proteínas, hidratos de carbono y grasas. Espiritualmente es igual. Aunque todos tenemos días en que estamos más ocupados de lo normal, debemos formarnos el hábito de reservar un espacio para alimentar nuestra alma. Quizá te venga bien planificar tu dieta espiritual para la próxima semana, de la misma forma que se prepara un menú semanal para saber qué comprar y qué cocinar.

Eso garantizará que tengas al menos unos minutos de alimentación espiritual cada día. Es cuestión de que descubras lo que te resulta mejor. A continuación, unas ideas que te servirán de punto de partida.

Nunca estás solo

«Amigo hay más unido que un hermano» (Proverbios 18:24), dice la Biblia. Ese amigo es Jesús, que además nos promete:

«Yo estoy con vosotros todos los días» (Mateo 28:20), y: «No te desampararé, ni te dejaré» (Hebreos 13:5). Su presencia puede llenar ese doloroso vacío que todos sentimos en algún momento, por muy estrechas que sean nuestras relaciones con nuestros compañeros de viaje en la travesía de la vida. Es preciso que aprendamos a dejar que Jesús llene ese vacío.

Entra en el templo

En su artículo Entra en el templo, David Brandt Berg describe una visión que tuvo de un grupo de personas reunidas en un recinto muy espacioso coronado por una cúpula de cristal, como si fuera la rotonda de un amplio edificio público. Los presentes estaban de pie, en silencio, con la mirada dirigida hacia arriba. Por el domo de cristal observaban el cielo tachonado de estrellas, aspiraban profundamente el aire celestial que descendía por una abertura y escuchaban la música que venía de lo alto. Entretanto, en las naves laterales, la gente iba de un lado a otro apresuradamente, y en su trajín no se daba cuenta de lo que sucedía en la rotonda.

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