Ejercicios espirituales

Al iniciarse la jornada

Cada mañana se nos presenta la oportunidad de hacer las cosas de un nuevo modo, mejor que antes, sobre todo si nos tomamos unos momentos para comunicarnos con Dios, captar Su visión de los aspectos en los que queremos mejorar y pedirle que nos ayude a efectuar los ajustes que hagan falta en nuestra mentalidad, actitud y acciones. De hecho, nada le complace más que ayudarnos a cambiar para mejor.

Con la vista en el Cielo

El undécimo capítulo de la epístola de San Pablo a los Hebreos nos entrega una relación de héroes y heroínas de la fe. Algo que aquellos hombres y mujeres tenían en común es que «esperaban la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios» (Hebreos 11:10). Es decir, no tenían los ojos puestos en las circunstancias inmediatas, sino en la recompensa celestial, lo cual les permitió resistir las pruebas y tribulaciones que sufrieron (Hebreos 11:26,35).

Eso tiene aplicaciones prácticas para nosotros. Es fácil que nos enredemos tanto en los afanes de la vida cotidiana que perdamos de vista lo que nos espera al final del camino. 

Él y solo Él

Se cuenta que hubo una anciana que luego de numerosos años de lectura y estudio se sabía muchos pasajes de la Biblia. Uno de los que más le gustaba era la segunda epístola de Pablo a Timoteo, que contiene el versículo: «Yo sé a quién he creído, y estoy convencido de que Él es poderoso para guardar mi depósito» (2 Timoteo 1:12 ; RVA). Sabía que mientras se aferrara a Jesús, Él no la defraudaría.

Con la edad empezó a perder la memoria, y un buen día ya no lograba recordar todo el versículo, sino solamente la frase: «Él es poderoso para guardar», que repetía en voz baja para sus adentros.

Espacios vacíos

Se ha dicho que la oración no es lo mínimo que podemos hacer por las personas que estimamos, sino lo máximo. La Biblia promete: «Esta es la confianza que tenemos en [Dios], que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho» (1 Juan 5:14,15). ¡Es tremendo el poder que tenemos a nuestra disposición!

Al final de la jornada

La jornada toca a su fin. Estás cansado, tal vez hasta agotado por todo lo que has hecho durante largas horas. Siéntate un rato o échate en la cama. Lee el mensaje de Jesús que viene a continuación y luego cierra los ojos y medita en él. Deja que te calme los nervios, te relaje y llene tu espíritu de amor y paz.

Reiníciate

Es un día normal, con las obligaciones habituales de la casa y el trabajo. Sin embargo, resulta que surgen más situaciones inesperadas de lo acostumbrado. Logras seguir adelante, pero te das cuenta de que vas cada vez más despacio, que pierdes la concentración y te sientes agobiado.

¿Qué es lo primero que prueban muchas personas cuando su computadora comienza a andar más lento o a trabarse? Guardan su trabajo y reinician la máquina, lo cual despeja la memoria. En muchos casos eso es lo más recomendable para que vuelva a funcionar en óptimas condiciones.

Mensajes del Cielo

En la Biblia, el primer libro de los Reyes narra la historia del profeta Elías. El capítulo 19 relata un tumultuoso episodio en el que huyó para ponerse a salvo de la malvada reina Jezabel y se ocultó en el desierto. Al cabo de un tiempo, Dios le indicó que se trasladara al monte Horeb.

Allí le dijo que saliera de la cueva en la que se había refugiado y se presentara delante de Él. Un fuerte viento azotó la montaña y desmenuzó unas piedras cercanas; luego sobrevino un terremoto, seguido de un fuego; finalmente se oyó un «silbo apacible y delicado» (1 Reyes 19:3–12). Dios no estaba en el viento, ni en el terremoto, ni en el fuego; pero sí era Suyo aquel suave murmullo.

Busca lo positivo

La vida casi nunca está exenta de dificultades, y muchos de los conflictos que nos mortifican afectan a la gente de nuestro entorno: parientes, compañeros de trabajo, vecinos y otras personas con quienes alternamos. Aunque ellos no sean el motivo de nuestros problemas, se ven influidos por nuestras reacciones, que cuando son negativas pueden amargarnos la vida y entorpecer la comunicación casi más que ningún otro factor.

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