Fe

El gran salto

Nevaba cuando fuimos a empacar los últimos enseres en el contenedor que aguardaba en el lugar señalado de un parque industrial, casi listo para ser despachado. Aquel era el último viaje que hacíamos al contenedor antes de que partiera por mar con una carga de efectos personales y artículos donados que nos servirían para construir una nueva vida. Habíamos vaciado la casa y vendido todo lo que no podíamos llevarnos, nos habíamos despedido de nuestros amigos y familiares y estábamos listos para irnos. Nos trasladábamos a Kenia.

Pon a prueba a Dios

Después de pedirle algo a Dios, actúa en consecuencia. Traduce tu fe en hechos. Acompaña tus oraciones con acciones, dando pasos que te acerquen a tu meta.

Cuando yo oficiaba de pastora en una iglesia de Oklahoma (EE. UU.), había una chica llamada Etta que deseaba ardientemente cursar estudios superiores y prepararse para servir al Señor. Había estado dos años orando para conseguir el dinero de la matrícula. La situación parecía imposible.

Un cimiento sólido

Hace poco estuve reflexionando sobre el crac de la bolsa de valores de 1929, que tumbó los sistemas financieros y económicos del mundo como si fueran fichas de dominó. Quebraron empresas, industrias y bancos. Millones de trabajadores quedaron desempleados, y eso causó una tremenda agitación social. Si bien desde entonces no se ha vuelto a producir una debacle de tan grandes proporciones, sí ha habido muchas depresiones o recesiones económicas menores que han causado turbulencias financieras.

Confianza

Los cristianos suelen decir: «Debes tener fe», o: «La fe es la certeza de que Dios hará lo que le pedimos», o: «Confiar es no tener miedo», y otras frases por el estilo que pretenden resumir y definir la fe. Acá entre nos, a mí me cuesta identificarme con esas afirmaciones.

Un inesperado regalo de cumpleaños

Un buen amigo me contó algo que le sucedió en su cumpleaños. Su auto estaba en el taller, así que se pasó todo el día conduciendo el vehículo de otra persona a la que llevó de excursión. Como tenía pensado recoger su auto al terminar aquel extenso paseo, portaba una importante suma de dinero para pagar las reparaciones.

Una boda muy bien planeada

A los hijos de Dios nada les ocurre por casualidad. Faltan pocos minutos para mi boda, y aquí estoy, de pie, observando las lindas flores y el decorado de la sala. Pienso en los muchos milagros que han hecho posible este momento y me convenzo de que verdaderamente «todas las cosas cooperan para bien»1. Pero me estoy adelantando. Para contar bien esta historia tengo que retroceder en el tiempo:

Nuestra ancla

Los cambios nos acercan mucho al Señor. «Todo declina, todo ha de morir. Tú que no cambias, sigue junto a mí»1. Todo cambia, pero Jesús nunca. Únicamente Él es constante.

Una fe olímpica

Los últimos Juegos Olímpicos, celebrados con éxito en Río de Janeiro, tuvieron momentos de gran emoción. Los atletas que compitieron en los 28 deportes y 41 disciplinas nos deslumbraron con su talento, su audacia, su perseverancia, y su fortaleza física y mental. Más allá de todo eso, sin embargo, un aspecto que para mí brilló en esta edición de los Juegos fue el papel de la fe en la vida y trayectoria de muchos de los participantes.

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