Fe

Dudas saludables

Hay personas a las que no les resulta fácil aceptar sin discusión cuestiones doctrinales. Así como Dios nos ha hecho muy distintos en cuanto a personalidad y constitución física, también dispuso que hubiera variantes en cuanto a la fe. Quizás eres una de esas personas que antes de afirmarse en una creencia necesita tiempo para estudiar, reflexionar y razonar; o a lo mejor eres de los que abrazan conceptos espirituales sin mayores cuestionamientos. En cualquiera caso, lo que importa es el objetivo: que tengas una fe viva.

Fe por elección

Tengo un amigo que ha estudiado exhaustivamente varias religiones. Con frecuencia nos absorbemos en profundos análisis de diversos credos, que invariablemente derivan en diálogos sobre nuestras propias creencias.

—Respeto a los que creen en Dios, pero yo no puedo hacerlo —me dijo una vez mi amigo—. No me nace. Además, tampoco entiendo todo el rollo espiritual y sobrenatural.

Me identifiqué con él. Yo sí creo en Dios, pero a mí la fe tampoco me viene espontáneamente, ni comprendo lo sobrenatural, que para mucha gente es lo mismo que la fe.

Convicciones personales

He observado que para mucha gente, tanto creyente como no creyente, el cristianismo no es otra cosa que una sarta de mandamientos y prohibiciones: «Guardando las leyes de Dios obtenemos Su bendición; rompiéndolas, caemos en desgracia de Él». Pero ¿es tan así el tema? ¿Está tan estrechamente definido?

Piensa en el gorrión...

Sigo con la mirada al gorrión mientras revolotea buscando alimento y dónde anidar. Yo lo conduzco a un lugar de reposo, y él confía en Mí. No se preocupa por lo que no tiene. Se dedica a lo suyo y confía en que Yo proveeré para sus necesidades. Aunque los gorriones son pequeños y numerosos, Yo los conozco a todos y velo por ellos. Me acuerdo y cuido de cada uno.

Aprender a confiar

Siempre me han gustado los gatos, y congenio bien con ellos. Pero con Yei-yei y Félix la cosa no fue tan fácil. Me los regaló mi nuera Toni. Ella había empezado a dar de comer a la madre, una gata asilvestrada, poco antes que sucumbiera a los peligros de la vida callejera.

El día que llegaron a mi casa hace casi un mes, Félix y Yei-yei se apresuraron a esconderse bajo las camas. Yo me tendía en el suelo y estiraba la mano para acariciarlos. Así empezó nuestra relación.

Las crisis de fe

Creer puramente por fe, sin ninguna prueba tangible, no es la solución más natural para todo el mundo en todos los casos. Así como el Señor hizo a la gente muy distinta en cuanto a personalidad y aspecto físico, también existen diferentes tipos de fe. Puede que seas el tipo de persona que necesita tiempo y estudio para llegar a un convencimiento, o que por el contrario seas de los que abrazan diversos conceptos sin mayores cuestionamientos. En cualquier caso, lo que importa es el objetivo final: que tengas una fe viva.

 La fe, el título de propiedad

En la versión Reina-Valera de la Biblia, Hebreos 11:1 dice: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Ahora bien, la palabra certeza que figura en este versículo en castellano es traducción del vocablo griego hypóstasis. Hace cientos de años, cuando se tradujo el Nuevo Testamento del griego a distintas lenguas, la palabra hypóstasis planteó un dilema. Parecía ser un término administrativo que no se utilizaba en la literatura clásica griega. 

Cuando la realidad engaña

Hay veces en que pones límites a lo que puedo hacer en respuesta a tus oraciones por el concepto que tienes de ti o por tu manera de enfocar la situación. Debes renunciar a tus ideas preconcebidas y creer sinceramente que voy a intervenir, o que las cosas pueden cambiar. En ocasiones tu deseo de ser realista, de no hacerte muchas esperanzas, raya en falta de fe. Hasta cierto punto es bueno ser realista y no tener expectativas quiméricas de ti o de la vida en general; por otro lado, demasiado de eso conduce al abatimiento y al derrotismo.

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