Conserva la calma y sigue adelante

Conserva la calma y sigue adelante

Estaba yendo a visitar a una amiga. Al acercarse el bus al hospital donde ella estaba internada, el nerviosismo se apoderó de mí. No sabía bien cómo saludarla en una situación así. Mi amiga siempre ha sido enfermiza. En el último año había luchado por superar varias infecciones agresivas. En esta ocasión había tenido complicaciones luego de una cirugía mayor.

Aunque esperaba poder difundir un poco de buen humor a la sala de enfermos donde estaba ella, me sentía insegura. Yo misma estaba tan abrumada con interrogantes y temores acerca de los padecimientos de mi amiga y el pronóstico nada alentador sobre su evolución, que no se me ocurría nada apropiado y al mismo tiempo alentador que decirle. Me sentía ofuscada por imágenes de un futuro lleno de sufrimiento.

De golpe, al doblar el bus una esquina, vi un letrero de color rojo vivo con un texto en blanco bajo una corona Tudor. Lo primero que me llamó la atención fue el color, y luego la frase: «Mantén la calma y sigue adelante». Era el famoso eslogan de los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial, que tantas veces se ve en variopintas adaptaciones. El nombre de una casa de modas británica en letras de pequeño tamaño en la parte inferior delataba que el letrero no era sino un aviso publicitario. Sin embargo, yo sabía que había allí algo más que un ingenioso ardid comercial. Dios me había respondido de un modo poco ortodoxo, pero clarísimo. Era imposible no captar el mensaje.

Mientras pensaba en la frase del anuncio, sentí que me invadía la paz de Dios. Me trajo a la memoria un versículo muy conocido de la Biblia: «¡Ánimo!, Yo he vencido al mundo»1. A pesar de lo deprimente de las circunstancias, yo iba a poder mantener la calma, seguir adelante y tratar de transmitirle aquel mensaje a mi amiga. El Rey se encarga de cada detalle de nuestra vida. Por muy sombría que se viera la situación de mi amiga, lo cierto era que estaba en buenas manos.

Aquello me llevó a tomar conciencia de que Dios le había manifestado Su amor a mi amiga de muchas maneras: la destreza de los médicos, la eficiencia y buena disposición de las enfermeras, las oraciones y la ayuda de amigos y compañeros de trabajo. Fue muy tonto de mi parte dejarme absorber por todos los aspectos negativos de la situación, hasta el punto de no prestar atención a los continuos recordatorios de la presencia de Dios. Ruego que por muy tumultuosas que sean las circunstancias en que me encuentre, siempre logre confiar en la perfección y fidelidad del amor de Dios, y que no espere a que publique Su verdad en un letrero rojo para dirigir mi atención hacia Arriba.

1. Juan 16:33 (BLPH)

Elsa Sichrovsky

Elsa Sichrovsky es escritora independiente. Vive con su familia en Taiwán. 

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