La fe flota

La fe flota

«Tener fe es entregarse confiadamente al agua. Al nadar no nos agarramos al agua; si lo hiciéramos nos hundiríamos y nos ahogaríamos. En cambio, nos relajamos y flotamos».  Alan Watts (1915–1973)

No es desafortunado comparar la natación con nuestra relación con Dios. Al nadar estamos rodeados de agua. Es el elemento en que nos movemos y sobrevivimos. «En Él vivimos, y nos movemos, y somos», proclamó Pablo1.

La instructora de natación Jane Greene Pettersson escribió en un blog: «Dar clases de natación me ha enseñado mucho acerca del miedo. El miedo nos protege, pero también nos impide avanzar. Si estás asustado y tratas de agarrarte al agua, no puedes nadar. Uno aprende a nadar abandonándose y confiando en que el agua lo sostendrá»2. De igual modo, abandonarse en manos de Dios y confiar en Él no siempre es algo que nos nazca espontáneamente. A algunos les resulta más fácil que a otros. Puede incluso ser un tanto desconcertante. Sin embargo, se trata de una faceta esencial de nuestra relación con Él.

Los nadadores se zambullen en el agua sabiendo que en ese medio son capaces de hacer cosas que no se pueden hacer en tierra. Flotan, dan volteretas, se sumergen mucho, se impulsan hacia la superficie, se deslizan rápidamente hacia adelante... De igual manera, una persona de fe sostenida por Dios e inmersa en Su amor se siente capaz de orientar su vida y progresar de maneras que no serían posibles sin Su apoyo.

Con frecuencia, los buenos nadadores se sienten más a gusto en el agua. Liberados del peso que sienten cuando están con los pies sobre la tierra, disfrutan de un estado cercano a la ingravidez. Cuando confiamos en Dios somos más libres, no nos pesan tanto los afanes de la vida cotidiana, pues permitimos que Él nos mantenga a flote. «Si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres»3.

En todo caso, no te desanimes si no eres buen nadador o ni siquiera sabes nadar. No todo el mundo sabe. Sin embargo, todos podemos ser personas de fe. La fe no tiene nada que ver con nuestras habilidades o nuestra fortaleza; en realidad no tiene nada que ver con ninguna virtud que poseamos. Se trata de una mirada hacia afuera, no hacia adentro. Es fijar la vista en Dios, que siempre está presto a sostenernos.

Mi buen Dios, ayúdame a confiar en que Tú me sostendrás. Dame fe en que serás mi apoyo en medio de los avatares de la vida.

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Abi May

Abi May, que también firmaba con el seudónimo de Chris Hunt, fue colaboradora de Conéctate desde Gran Bretaña.

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