La mecánica de la fe

La mecánica de la fe

Dios es muy dado a precipitar crisis. A veces permite que sucedan ciertas cosas para impulsarnos a orar y a confiar en que Él nos dará la solución. Quiere que demos pasos concretos de fe, pidiendo cosas muy claras y esperando también respuestas muy claras.

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La fe y la confianza en Dios producen bienestar corporal, sosiego, satisfacción interior y equilibrio espiritual. Si sabemos que Dios nos ama, podemos tener la certeza de que todo saldrá bien y de que Él se encargará de resolver las cosas.

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Debemos creer en la Palabra de Dios sencillamente porque Él nos lo manda, igual que un niño tiene que confiar en sus padres aunque no siempre entienda por qué debe hacer tal cosa o por qué no debe hacer tal otra. Es cuestión de obediencia. El niño sigue las indicaciones de sus padres porque confía en ellos y tiene la certidumbre de que lo aman; y la misma actitud debemos tener nosotros con Dios. Debemos acatar Sus instrucciones y creer simplemente porque Él nos lo dice. Así le demostramos que lo amamos y confiamos en Él.

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¿Cómo se adquiere fe? Es un don de Dios que está al alcance de cualquier persona que lo desee. Lo malo es que mucha gente no se interesa en él hasta que lo necesita, y entonces se da cuenta de que no tiene la fe que precisa porque no está acostumbrada a confiar en la Palabra de Dios. Así como no se puede construir un buen edificio sin buenos cimientos, sin la Palabra la fe no tiene una base sólida. La fe en Dios se fundamenta en Su Palabra. Por eso, si sientes que te falta fe, el remedio es muy sencillo: la Palabra de Dios te la aumentará.

«La fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios» (Romanos 10:17). Eso significa que proviene de la lectura de la Palabra de Dios, o del estudio de la misma con una persona que te la enseñe. Cuanto más llenes tu corazón y tus pensamientos de las palabras de Dios, más fe albergarás y menos preocupaciones, temores y estrés tendrás.

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Cuenta con que Dios responderá a tus oraciones. Él está obligado a cumplir Su Palabra. Conviene, pues, recordarle las promesas que ha hecho. No dudes ni por un instante que te va a contestar, y lo hará. Tiene que hacerlo. Es más, lo desea. Confía en Él. Y agradécele la respuesta, aunque no la veas enseguida.

Da el primer paso con fe. No es necesario que veas toda la escalera; sólo da el primer paso.—Martin Luther King, Jr.

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