No te afanes; sé feliz

No te afanes; sé feliz

Soy buena para algunas cosas: sé limpiar, organizar, delegar y planear al mejor estilo de un jefe. Puedo cocinar lo suficientemente bien como para que me paguen por ello; además escribo bastante bien. Pero tengo una habilidad que todavía no he sabido vender, y cuando lo haga, estoy segura de que me hará rica. Me sé preocupar con tal habilidad y creatividad que estoy convencida de que eso tiene algún valor.

Soy capaz de imaginarme todos los peores hipotéticos resultados y situaciones que puede enfrentar una empresa o un individuo. Logro preocuparme por cosas que tienen real posibilidad de ocurrir, y también por situaciones tan descabelladas que serían magníficos guiones cinematográficos. Me encantaría aprovechar esta habilidad que tengo, porque de momento no es más que un estorbo. Me priva de disfrutar de paz y tranquilidad y me hace desperdiciar mucho tiempo y energía.

La Palabra de Dios no se anda con medias tintas cuando de preocupaciones se trata: «No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes.»1 Otro pasaje dice: «No se inquieten por nada.»2 ¿Cómo puedo preocuparme con tanta facilidad cuando la Biblia me indica tan claramente que no debo hacerlo?

Hay veces —muchas— que la preocupación me arrebata la alegría. Sin exagerar, he llegado a llorar por tragedias que nunca ocurrieron. Me he indignado por dificultades que nunca se materializaron. Me he estresado por problemas que nunca sucedieron. A veces me siento como una tonta cuando, tras una noche en vela, salpicada de llantos, preocupaciones y tensión, me despierto en la mañana a una vida libre de tragedias. Ya he vivido tantas veces ese ciclo que empiezo a darme cuenta de lo inútil e improductivo que es. No puedo afirmar que ya he superado el mal hábito o que he llegado a dominar prodigiosas técnicas de meditación que me curaron el vicio de preocuparme, pero estoy empezando a pensar que tal vez debería… parar.

Les reproduzco enseguida unos consejos y técnicas que adquirí del escritor y conferencista norteamericano Dale Carnegie:

Pregúntate qué sería lo peor que podría ocurrir y haz las paces con esa posibilidad.
Eso nos puede generar algo de temor, pero es una de las mejores maneras de dejar de preocuparnos. Como dice Dale: «Una vez que aceptas lo peor que te podría pasar, no tienes nada que perder y todo que ganar. Es el albor de la libertad».

Mantente ocupado.
Cuando más me preocupo es en la noche. A veces levantarme y hacer algo, o rezar por otras personas y la situación en que se encuentran, es mejor que quedarme ahí acostada.

Determina hacer lo que sí puedes para mejorar la situación.
A veces sí hay algo que puedo hacer, como realizar una llamada, enviar un correo o simplemente encargarle el asunto a Dios en oración.

Por muy difícil y mala que sea una situación, siempre hay algo por lo que se puede dar gracias. Además, expeler lo más posible las preocupaciones de nuestra vida nos ahorrará tiempo y energía, tiempo y energía que podemos aprovechar para construir o trabajar en lo que realmente vale la pena.

* * *

Es más apropiado para un hombre reírse de la vida que lamentarse. Séneca (4 a.C.–65 d.C.)

*

La razón por la que a algunas personas les cuesta tanto ser felices es que ven el pasado mejor de lo que era, el presente peor de lo que es y el futuro menos resuelto de lo que será. Marcel Pagnol (1895–1974)

*

Los hombres se pasan la vida en previsiones, resolviendo que serán inmensamente felices en algún periodo en que tengan tiempo. No obstante, el presente aventaja en una cosa a todos los demás tiempos: en que es nuestro. Las oportunidades pasadas se esfumaron; las futuras, no se han producido. Podemos reposar sobre una reserva de placeres como lo haríamos sobre una reserva de vino; pero si postergamos su degustación por mucho tiempo descubriremos que con los años ambos se han avinagrado. Charles Caleb Colton (1780–1832)

*

El valor de una sonrisa… No cuesta nada, pero crea mucho. Enriquece a quienes reciben, sin empobrecer a quienes dan. Ocurre en un abrir y cerrar de ojos, y su recuerdo dura a veces para siempre. Nadie es tan rico que pueda arreglárselas sin ella, y nadie tan pobre que no pueda enriquecerse por sus beneficios. Crea la felicidad en el hogar, alienta la buena voluntad en los negocios y es la contraseña de los amigos. Dale Carnegie (1888–1955)

*

No me he de preocupar del mañana;
es cosa de mi Salvador.
Si me trajera angustia y pesares,
Él me ayudará con Su amor.
No me he de preocupar del mañana;
no me debo sobrecargar.
Su gracia y Su fuerza me apoyan;
para qué me voy a preocupar.
Major D. W. Whittle

1. Mateo 6:34 (NVI)
2. Filipenses 4:6 (NVI)

Mara Hodler

Mara Hodler es escritora independiente. Este artículo es una adaptación de un podcast transmitido en Just1Thing, portal de internet de formación cristiana para jóvenes.

Más en esta categoría: « Esta va larga
Copyright 2020 © Activated. All rights reserved.