Un cimiento sólido

Un cimiento sólido

Hace poco estuve reflexionando sobre el crac de la bolsa de valores de 1929, que tumbó los sistemas financieros y económicos del mundo como si fueran fichas de dominó. Quebraron empresas, industrias y bancos. Millones de trabajadores quedaron desempleados, y eso causó una tremenda agitación social. Si bien desde entonces no se ha vuelto a producir una debacle de tan grandes proporciones, sí ha habido muchas depresiones o recesiones económicas menores que han causado turbulencias financieras.

¿Cómo podemos disfrutar de estabilidad económica duradera en un mundo tan inseguro? La respuesta es tener fe y confianza en Dios, que ha prometido estar con nosotros tanto en tiempos de abundancia como de escasez.

En la Biblia se narran numerosos episodios en que Dios proveyó milagrosamente para Su pueblo. Cuando sacó a los israelitas de Egipto y los condujo a través del desierto hacia la tierra prometida, les proporcionó agua y comida. Cuando tuvieron hambre les dio un manjar del cielo llamado maná. Cuando tuvieron sed hizo brotar agua de una roca1. Durante su larga estadía en el desierto, ni su ropa ni sus zapatos se desgastaron2.

Otro ejemplo: En tiempos del profeta Elías hubo una sequía en Israel. Dios le indicó que se fuera a vivir junto a un arroyo y hasta envió cuervos con comida para él. Cuando las aguas vertientes finalmente se secaron por la escasez de lluvias, recibió instrucciones de dirigirse a la aldea de Sarepta. Allí una viuda obedeció a Dios y compartió con el profeta lo poco que tenía. Como consecuencia, Dios la bendijo garantizándole que su provisión de alimentos no se agotaría durante la hambruna3.

En cierta ocasión en que Jesús, Sus discípulos y las multitudes que los seguían se hallaban en un lugar apartado, vieron que se estaba haciendo tarde y no tenían nada que comer. Los discípulos propusieron una solución lógica: enviar a la gente a las aldeas cercanas a buscar comida. Pero Jesús les pidió que le trajeran los únicos alimentos que habían encontrado: cinco panes y dos peces. Seguidamente alzó la mirada al cielo, bendijo los alimentos y los repartió entre la multitud. Cinco mil personas comieron aquel día, y con las sobras llenaron doce canastos4.

La Biblia nos insta a no depositar nuestras esperanzas en las riquezas inciertas ni en los bienes terrenales, sino «en Dios, quien nos da en abundancia todo lo que necesitamos para que lo disfrutemos»5. Puede que los flujos económicos del mundo se sequen, como sucedió con el arroyo de Elías, pero aun así Dios es capaz de velar por Sus hijos y proveer para sus necesidades.

1. V. Éxodo 16 y 17
2. V. Deuteronomio 29:5
3. V. 1 Reyes 17
4. V. Mateo 14:13–21
5. 1 Timoteo 6:17 (NTV)

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Uday Paul

Uday Paul

Uday Paul vive en Bangalore (India). Imparte cursos de inglés y de desarrollo personal.

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