Un inesperado regalo de cumpleaños

Un inesperado regalo de cumpleaños

Un buen amigo me contó algo que le sucedió en su cumpleaños. Su auto estaba en el taller, así que se pasó todo el día conduciendo el vehículo de otra persona a la que llevó de excursión. Como tenía pensado recoger su auto al terminar aquel extenso paseo, portaba una importante suma de dinero para pagar las reparaciones.

Sin embargo, cuando fue a recoger el auto descubrió que el sobre que contenía el dinero para los arreglos no estaba en la bolsa donde lo había guardado cuidadosamente. Enseguida llamó a la dueña del vehículo que él había conducido para ver si por casualidad el sobre se había salido de la bolsa y había quedado en el interior del automóvil.

—No, lo lamento mucho. No lo veo —fue la respuesta.

Mi amigo me contó que la terrible desazón que sintió, combinada con el agotamiento después de un largo día al volante, fueron demasiado para él. No había nada que hacer salvo acudir al Señor y rogarle que el dinero le fuera devuelto de alguna forma. Eso sí, las posibilidades eran muy remotas como para abrigar esperanzas.

Estaba acongojado y con una aguda migraña. Su cumpleaños había resultado ser un desastre. Asediado por la jaqueca, las presiones económicas y encima el sentimiento de culpa por haber permitido que se perdiera el dinero, estuvo varias horas tratando de esclarecer lo sucedido. Por fin optó por dejar todo el asunto en manos del Señor y confiar en Él.

Al día siguiente fue a trabajar con una sensación de paz, seguro de que el Señor haría que todo saliera bien. No contaba con ver de nuevo el dinero; simplemente tenía el convencimiento de que el Señor se encargaría de todo.

A media mañana lo llamaron por teléfono. Era la señora para la que había trabajado de chofer el día anterior. Le dijo:

—Encontramos el sobre con el dinero cuando volvimos a mirar en el interior del auto. Lo tenemos aquí bien guardadito para usted.

¡Qué alivio y qué buen motivo para alabar a Dios! Mi amigo se alegró en el alma de haber optado por encomendárselo todo a Él.

Podría haber cedido a la desesperación o la ansiedad. No obstante, decidió alabar a Dios fueran cuales fueran las circunstancias, independientemente de lo que Él hiciera o dejara de hacer por él. Por bien o mal que le pareciera que Dios se estaba portando con él, lo importante es que puso su confianza en Jesús. Se convenció de que siempre podía confiar en el amor de Dios, por muchas dificultades o pérdidas que sufriera, porque Jesús lo había dado todo por él, hasta Su vida.

Ser seguidores de Jesús no nos garantiza que todo nos vaya a salir siempre a pedir de boca. Aun así, una vez que hemos hecho lo que está dentro de nuestras posibilidades, podemos dejar el resto en Sus manos, para que Él haga lo que sabe que es mejor. Si perdemos o nos quitan algo, Dios siempre proveerá, o nos reorientará, o nos indicará cómo podemos prescindir de aquello que considerábamos necesario. Pase lo que pase debemos confiar en que Él nunca falla, sino que se las ingenia para que todo redunde en nuestro bien.

Hace falta fe para soportar las épocas de dificultades y pérdidas. Cuando nos esforzamos por dar gracias en toda circunstancia, estamos en mejores condiciones de confiar en que Dios proveerá lo que Él considere mejor para nosotros.

En su cumpleaños mi amigo recibió algo muy valioso de parte de Jesús: el regalo de una fe robustecida, la certeza de que en toda situación puede confiar en Él. Es un regalo que le durará para siempre.

* * *

La preocupación es ciega e incapaz de discernir el futuro. Jesús, en cambio, ve el final desde el principio. Para cada dificultad ha dispuesto una manera de proporcionarnos alivio. Ellen White (1827–1915)

Ora y deja que Dios se preocupe. Martín Lutero (1483–1546)

La fe es una confianza racional, una confianza que examina reflexiva y serenamente la fiabilidad de Dios. John Stott (1921–2011)

Cuando nos preocupamos es porque no confiamos del todo en que la grandeza, el poder y el amor de Dios son más que suficientes para resolver lo que acontece en nuestra vida. Francis Chan (n. 1967)

Fíate del Señor de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas. Proverbios 3:5,6

Confíen en el Señor para siempre, porque el Señor es una roca eterna. Isaías 26:4 (NVI)

Diré yo al Señor: «Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré». Salmo 91:2

Benditos son los que confían en el Señor y han hecho que el Señor sea su esperanza y confianza. Jeremías 17:7 (NTV)

Entrega al Señor todo lo que haces; confía en Él, y Él te ayudará. Salmo 37:5 (NTV)

Oh pueblo mío, confía en Dios en todo momento; dile lo que hay en tu corazón, porque Él es nuestro refugio. Salmo 62:8 (NTV)

Podcast

Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Más en esta categoría: « Una boda muy bien planeada Confianza »
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.