Perspectiva

Cambio de óptica

Durante una época particularmente tensa tuve un cambio de óptica que mejoró mi manera de abordar las cosas.

En aquel tiempo estaba metido en varios trabajos de envergadura, tenía muchísimo que hacer y estaba cansadísimo, por no decir agotado.

Un ramo muy particular

Sandra tenía la moral por los suelos cuando empujó la puerta de la florería, luchando contra una ráfaga de viento otoñal. Su vida había discurrido sin sobresaltos, como brisa primaveral, hasta que en el cuarto mes de su segundo embarazo un accidente automovilístico puso fin a su buen pasar. En esa, la última semana de noviembre, habría dado a luz a un hijo. Lamentó profundamente su pérdida. Por si fuera poco, la compañía en la que trabajaba su esposo amagaba con transferirlo. Encima, su hermana, cuya visita esperaba con ilusión, la había llamado para decirle que no podría ir a verla. Para peor, una amiga suya la había indignado sugiriendo que Dios le había mandado esos pesares para hacerla madurar, inspirarle gratitud por las cosas buenas de su vida y ayudarla a empatizar con los que sufren.

Cambio de perspectiva

El otro día leí en Internet un artículo del rabino Evan Moffic, que para mí tiene mucho sentido. El último párrafo decía así:

«La vida» —expresó una vez el filósofo Soren Kierkegaard— «solo se puede comprender mirando hacia atrás, pero se ha de vivir mirando hacia adelante». La capacidad de entender nuestra vida en retrospectiva depende de nosotros. No podemos alterar lo sucedido pero sí otorgarle otro significado. Lo que optamos por recordar contribuye a moldear la persona en la que decidimos convertirnos.1

¿Quién tiene la culpa?

Hace poco estaba evocando cosas del pasado. Me puse a pensar en decisiones que había tomado y comencé a culpar a los demás por el desenlace de ciertas situaciones. Culpé a mis padres por decisiones que tomaron ellos y que afectaron mi infancia. Culpé a mi colegio por mis inseguridades y por esa sensación que tenía de que nunca alcanzaría el grado de perfección necesario como para triunfar en distintos aspectos. Culpé a mi iglesia por actitudes que tenía hacia Dios y que afectaron mi relación con Él.

Cómo huir de las olas

Un día mi mujer y yo llevamos a Kristen —nuestra hija de 13 meses— a la playa. El tiempo estaba lindísimo. Era un día perfecto. Mientras caminábamos por la arena tomándola cada uno de una manito, ella sonreía y balbuceaba en su propio lenguaje encriptado.

Remedio para un día de lluvia

Desde que tengo uso de razón no me gustan los días nublados y menos en invierno. Se me hacen eternos y deprimentes, y me hacen tiritar el cuerpo y el alma.

De todos modos, son parte de la vida. Así que resolví aprender a disfrutarlos. Ya no me parecen tan lóbregos. ¿Cuál es el secreto? En realidad tengo varios.

El caballero de los espejos

Una de las películas que más veces vi en mis años de formación fue El hombre de la Mancha.1 Parecía que cada dos o tres meses algún padre, líder juvenil o profesor decidía que era hora de volverla a ver. Yo no soy una gran aficionada a los musicales, pero sí tengo debilidad por esta película.

Las desventuras de una ciclista

Vivimos en una calle en las afueras de un pequeño barrio semiurbano. Hay dos vías para llegar a la urbanización desde nuestra casa, pero ambas presentan varios obstáculos para ciclistas como mi marido y yo.

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