El dominó de Dios

El dominó de Dios

Hace unos años mi vida experimentó un vuelco nada desdeñable. Ocurrieron cantidad de cambios, todos simultáneos. Terminé abrumada y por momentos bastante desalentada.

Primero tuve que regresar a mi país natal, Ucrania, luego de vivir durante seis años en Bosnia y Herzegovina donde realizaba labores misioneras y de voluntariado. Mis dos hijos, que siempre habían estado a mi lado, eran ya unos jóvenes hechos y derechos que se habían trasladado a otros lados persiguiendo sus propios ideales. Yo necesitaba alojamiento, empleo, algo que hacer y la motivación para seguir adelante.

Dado que hablo inglés y me gusta organizar eventos y actividades para adolescentes y estudiantes, decidí solicitar trabajo como monitora en un campamento de verano en inglés organizado por un exclusivo colegio particular. Me sorprendí cuando me contrataron, no solo para el campamento, sino como instructora permanente.

Cierto día, mientras revisaba la sección de inglés de la biblioteca, felicité a la encargada por la variedad de libros y parafernalia que tenía al alcance de todos. Entablamos conversación y en menos que canta un gallo iniciamos un club de habla inglesa. Al poco tiempo el club llegó a ser mi actividad favorita de la semana. Me reunía con un grupo de jóvenes de diversos países y continentes que querían realizar actividades, viajar, ayudar a la gente y dejar huella.

Hace poco me reuní con algunas personas que tiempo atrás habían asistido al club de angloparlantes. Mientras charlábamos informalmente y tomábamos té, una de las chicas exclamó: «Esto no se lo he dicho a nadie, pero cuando asistí por primera vez al club no creía en nada ni en nadie. No veía esperanza alguna y estaba hecha un lío. Luego de un año de lo que parecían ser simples reuniones semanales, caí en cuenta de que había cambiado mi enfoque de la vida y mi actitud hacia los demás. Ahora quiero hacer algo con mi vida que valga la pena». Con lágrimas en los ojos agregó: «Por favor no deje de hacer lo que hace».

Todo lo anterior me ha permitido presenciar el efecto dominó de Dios. No sabemos lo que nos deparará el futuro, a dónde nos conducen las vueltas que da la vida. No obstante, podemos confiar en que nuestro Hacedor hará que cada vicisitud sirva en la composición de ese cuadro radiante, expresivo y singular que es nuestra vida.

Mila Nataliya A. Govorukha

Mila Nataliya Govorukha hace labor misionera y voluntaria por medio de una ONG en Járkov, Ucrania.

Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.