Recobrar la dicha

Recobrar la dicha

Pregunta: Recuerdo que de joven era más feliz. ¿Qué me aconsejan para recuperar la alegría de vivir que perdí?

Respuesta: La mayoría de los adultos hemos observado en algún momento a un niño retozando alegremente y deseado volver a la niñez. Cuando juegan, los pequeñines se ven felices, despreocupados y con ganas de vivir. Se ríen mucho, se divierten con facilidad y se entusiasman con las cosas más sencillas. 

Naturalmente, también sufren sus sobresaltos y sus tristezas, pero se recuperan. Los niños viven en el presente y por lo general pasan más horas felices que los adultos. He aquí algunos consejos para revivir el encanto de la infancia.

Redescubrir el mundo que te rodea. Observa con más detenimiento las cosas que constituyen el telón de fondo de tu existencia: los brotes de ese árbol que ves todo los días cuando vas a la oficina, los rayos matinales de sol que se cuelan por la ventana de la cocina, las nubes blancas que se destacan sobre el cielo azul o esa pequeña telaraña que hay en un rincón del jardín.

Saborear los alimentos. No engullas la comida y salgas corriendo; aminora la marcha para poder saborearla y disfrutarla. ¿Recuerdas la primera vez que degustaste ese plato? ¿Qué comidas te encantan ahora que de niño no te gustaban?

Aprender algo nuevo. Los niños no tienen tiempo de caer en rutinas porque siempre están descubriendo cosas nuevas. Aficiónate a un nuevo pasatiempo o actividad. Lee un libro de un autor distinto. Viaja, aunque sea en la imaginación, sumergiéndote en una revista o un libro de viajes.

Darte premios. Ponte una meta para la semana y escoge el premio que te vas a dar cuando la cumplas. El mejor incentivo es la expectativa que eso te genera. Da resultado, tengas la edad que tengas.

Conversar con un niño. Si quieres ver las cosas con otros ojos, pregunta a niño. Los niños derrochan ingenio, sagacidad, imaginación, esperanza, patetismo... y mil cosas más. No te sorprendas si de tu subconsciente resurgen algunos pensamientos de tu niñez.

Desenchufarte. Tu mundo no se acabará porque dejes de trabajar y producir por unos minutos. Relájate. Piensa en algo que te haga feliz. Da rienda suelta a tu imaginación.

Dar gracias por cada cosita. Un niño se queda encantado con un regalito sencillo, una oportunidad de salir a jugar, un poco de atención que se le preste o un columpio vacío que encuentre en el parque. Piensa en las cositas que tú disfrutas y da gracias por ellas.  

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Lo que el niño ama persiste en el ámbito del corazón hasta la vejez.—Gibran Jalil Gibran (1883–1931)

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