Entereza

Las estaciones de la vida

Cuando tocas fondo, cuando los sueños dan lugar a decepciones, cuando se desbarata todo aquello por lo que tanto trabajaste, es fácil caer en la desesperación. En situaciones extremas hasta te entran ganas de rendirte y no volver a intentarlo.

¿Tiene sentido el sufrimiento?

Aunque la mayoría de la gente procura no pensar en ello más de la cuenta, la verdad es que hay mucho sufrimiento en el mundo. Son incontables los inocentes que mueren, quedan lisiados o pierden su casa a causa de guerras y conflictos crueles e injustos. Otros más sufren lo mismo a raíz de catástrofes naturales o desastres provocados por el hombre. El cáncer, el sida, el covid-19 últimamente y otras enfermedades se cobran millones de vidas todos los años, en muchos casos tras largos meses o años de dolor. No cesan las penalidades. ¿Por qué la vida tiene que ser así? Resurge entonces el interrogante que nos asecha desde tiempos inmemoriales: ¿Por qué permite Dios el sufrimiento?

El árbol que revivió con la tempestad

Si alguna vez has sentido que toda tu vida sufrió un desarraigo y no tienes la menor idea de cómo vas llegar hasta el día de mañana, cobra ánimo del Roble de Turner, un árbol gigantesco de 16 metros de altura que fue plantado en 1798 y hoy prospera en los Royal Botanic Kew Gardens al sur de Londres. En los años 80 del siglo pasado se veía enfermizo y daba la impresión de que no sobreviviría.

La cámara de hielo

Mi abuelo me mostró la cámara de hielo de su granja lechera por primera vez cuando yo tenía apenas 3 o 4 años. Después de ordeñar las vacas y envasar la leche cruda en botellas esterilizadas en la cremería, las sumergían en agua helada en aquella cámara de hielo. Esa zona no disponía de refrigeración en 1952; apenas un buen aislamiento y una puerta gruesa para mantener fuera el calor. Las botellas de leche se mantenían frescas en una cuba metálica grande llena de agua helada. Cada mañana las cajas de madera con botellas de vidrio se cargaban en el camión lechero cubiertas de grandes trozos de hielo y se repartían en los hogares vecinos. Leche fresca todos los días.

Mi cuarentena del alma

No me di cuenta de lo ocupada que estaba hasta que me detuve. No había cobrado conciencia de lo importante que era para mí andar de acá para allá y relacionarme con la gente hasta que me vi impedida de hacerlo. Nunca reparé en que me estaba estresando con tanta actividad hasta que ya no hubo más actividades y me tuve que quedar en casa inmovilizada por las restricciones del covid-19.

Capear la tormenta

¿Recuerdas aquella ocasión en que calmé la tempestad? Mis discípulos entraron en pánico y pensaron que perecerían sin remedio. Mas cuando acudieron a Mí solicitando ayuda en vez de enfocarse en sus circunstancias, vine a su rescate a pesar de las olas y la tormenta.1

Las realidades de la vida

A veces los creyentes tenemos expectativas poco realistas sobre nuestra vida. Cuando las cosas no van sobre ruedas tenemos tendencia a autoflagelarnos o a pensar que Dios no responde a nuestras oraciones porque le interesamos poco o porque estamos haciendo algo mal.

Para salir de la bruma

Tengo un recuerdo muy nítido de lo que sucedió. Me desperté temprano una mañana de verano y, al mirar por la ventana, vi que estaba todo cubierto de blanco. Me restregué los ojos pensando que estaba viendo mal y decidí averiguar qué pasaba. Salí a la terraza y al bajar por las escaleras quedé pasmada. Daba la sensación de que estaba dentro de una nube. Di unos pasos y giré sobre mí misma. En ese momento me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Me encontraba a unos pasos apenas de la terraza, pero no sabía en qué dirección quedaba.

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