Entereza

Mis diarios

Me encontraba organizando y limpiando a fondo mis pertenencias. He vivido más tiempo en esta casa que en ninguna otra; de ahí que haya acumulado montones de cosas. Enfrascada en esa tarea, me topé con una caja en la que guardo mis antiguos diarios.

Hasta que huyan las sombras

La otra noche me despertó una llamada telefónica que requería mi atención urgente. Saliendo de mi profundo sueño, me vestí rápidamente, tomé las llaves del auto y salí corriendo a cuidar de una pequeña emergencia. Alguien había sufrido un pequeño accidente a altas horas de la noche y necesitaba que fuera a buscarlo. Aunque estaba angustiada, no podía dejar de pensar que la situación podía haber sido mucho peor. Así que a lo largo de la siguiente hora traté de serenarme y concentrarme en resolver los detalles y llevar a todos sanos y salvos a su casa.

Presencia constante

Venimos al mundo a pasar dificultades. No podemos pretender que nuestra estancia en la Tierra sea toda blanda y apacible. Además, la Biblia nos lo garantiza1. Lo bueno es que también nos promete que no estamos solos, que tenemos compañía. «Aun si voy por valles tenebrosos, no temo peligro alguno porque Tú estás a mi lado»2. «Sé que el Señor siempre está conmigo»3.

Estimado Guillermo

Guillermo y yo somos viejos amigos. Hace poco nos encontramos para tomar un café y me contó las dificultades que ha tenido. Su mujer ha contraído una enfermedad crónica que la ha dejado postrada, y él la cuida como puede. Al mismo tiempo se ha visto abrumado por las exigencias de su trabajo y el miedo a quedar cesante. Todo eso ha desembocado en una crisis de fe. Le expliqué que yo también, no hace tanto, estuve batallando con sentimientos similares, y rezamos juntos; pero más tarde me pareció que tenía más cosas que le podía decir, y le escribí la siguiente carta.

La esperanza y el árbol de vida

Es un hombre alto y enjuto de sesenta y tantos años, mayor que muchos de los otros puesteros del mercado de frutas y verduras. Siempre recibe a sus clientes con una sonrisa radiante.

Súbete a la Roca

«Cuando mi corazón desmayare, llévame a la roca que es más alta que yo»1. «El Señor es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo»2.

Si sientes que las circunstancias te rebasan, súbete a la Roca. Me tienes a Mí —la Roca— y puedes confiar en Mi capacidad para guardarte de todo lo que te agobia. Cuando te sientas débil por las cargas y preocupaciones que te abruman, cuando notes que la depresión se cierne sobre ti, ensombreciendo tus pensamientos y llevándote a la desesperación, súbete a la Roca y descansa en Mi gracia.

Mi refugio

En los momentos tempestuosos de nuestra vida, a menudo nos preocupamos tanto de buscar una vía de escape —o de rescate— que nos olvidamos completamente del mejor refugio y más seguro resguardo que puede haber.

Anoche el sueño me fue absolutamente esquivo. Había sufrido una crisis de desánimo, dudas e impotencia. Estaba agitado, inquieto, en cuerpo y mente. Me costaba tomar las riendas de mis pensamientos para que no se desbocaran.

¿Mucha presión?

Seguramente ha habido momentos en que te sentiste exprimido hasta la última gota, en que no te quedaba ni pizca de energía o fuerza de voluntad. El mismo apóstol Pablo admitió haber estado tan abrumado que perdió «la esperanza de conservar la vida»1. No me cabe duda de que en algún momento muchos hemos estado así de desmoralizados, hasta el punto de que ni siquiera teníamos ganas de levantarnos por la mañana para no tener que hacer frente a otro día. Quizá te sientes así en este instante. Quizá llevas ya tiempo en una situación parecida.

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