Entereza

Auxilio en tiempos de prueba

Entre los aspectos más difíciles de asimilar de la vida cristiana resalta el hecho de que abrazar el camino de la fe y seguir a Jesús no nos inmuniza automáticamente contra pruebas y tribulaciones. Por mucho que sabemos que Dios es amor1, aun los que tenemos fe en Él estamos expuestos a enfermedades, lesiones, aprietos económicos, preocupaciones, temores e incluso a la muerte, tanto como —valga la redundancia— todos los demás mortales. Jesús no doró la verdad; pero al mismo tiempo nos ofreció una formidable esperanza cuando dijo: «En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo»2.

Sufrir penalidades

Los cristianos no estamos exentos de sufrir desventuras en esta vida, por más que algunos piensen lo contrario. El considerar que nuestra fe debería escudarnos de apuros, batallas y sufrimiento puede llevarnos a albergar cierto complejo de mártir cuando las cosas salen mal. Hasta podemos llegar a pensar que no hay nadie que pase más penalidades que nosotros.

Mientras llego a lugares apacibles

Me encanta el Salmo 23. Quizá se deba a que siento predilección por los versículos que hablan de sitios tranquilos, bellos y apacibles. «En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de Su nombre»1.

Retomar el guion

¿Te ha pasado alguna vez que pierdes el guion? Por ejemplo, estás leyendo una novela y te das cuenta de que no sabes exactamente quién es quién; o te distraes durante una película y luego nada parece tener sentido. Llevamos una vida muy ajetreada, y a veces no sabemos bien quiénes somos o hacia dónde nos dirigimos.

Así es la vida

A veces, en el momento menos esperado, nos vienen pequeñas revelaciones que nos aclaran las ideas, nos ayudan a entender mejor una situación y reactivan nuestra fe. El otro día tuve una de esas.

Los últimos meses hemos estado muy apretados de dinero, y para colmo tuvimos que llevar nuestro vehículo al taller. Mientras esperaba a que mi esposo me llamara para decirme cuánto iba costar más o menos la reparación, le pregunté a Dios por qué nos estaba ocurriendo eso en un momento ya de por sí tan complicado.

Hay que ser realista

Si eres como la mayoría de la gente de hoy en día, seguramente te has acostumbrado a un ritmo intenso de trabajo y a obtener resultados rápidos. El inconveniente —o uno de los inconvenientes— de ese estilo de vida es que lo que ayer era suficiente, hoy en muchos casos da la impresión de que no lo es. El abrigar cada vez mayores expectativas acaba volviéndote más exigente con otras personas y con la vida misma.

Si bien te esmeras por seguir el ritmo general, no puedes evitar que algunas cosas tomen tiempo. La mayoría de las dificultades con las que te topas en el trabajo, de los trastornos de salud que sufres y de los conflictos que tienes con los demás no se resuelven con un clic del ratón ni apretando un botón.

Con las velas destrozadas

Hace varios meses, durante un período de intenso trabajo, me entraron muchas ganas de tomarme un descanso. Sabía que necesitaba pensar en mi futuro y en mis planes a tenor de ciertos cambios en mi entorno que iban a afectar mi carrera y mis condiciones de vida. Al mismo tiempo, también me hacía ilusión hincarle el diente a un proyecto personal que desde hacía meses me tenía entusiasmada y al que no había podido dedicar mucho tiempo por andar tan embebida en mi trabajo. Era algo que me apasionaba y que me parecía que sería un buen punto de partida para materializar algunos de mis sueños y objetivos.

El reflejo del Cielo

Un amigo me mostró una foto que tomó en el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen, un amplio parque situado en el bullicioso centro de Tokio. En la imagen aparecía un cielo azul brillante enmarcado en el verde de los árboles. Cuando lo elogié por aquella hermosa foto, le hizo gracia: «En realidad la estás mirando al revés. Este es el reflejo del cielo en el lago».

La miré más de cerca y vi que tenía razón. Lo que mis ojos habían interpretado como un paisaje era en realidad el reflejo del mismo en la superficie del lago, casi una ilusión óptica. Me quedé sorprendido por la claridad con la que el cielo y los alrededores se veían reflejados en aquellas aguas serenas. Me hizo pensar en lo maravilloso que sería que mi vida reflejara con la misma perfección la paz y quietud del Cielo.

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