Entereza

El reflejo del Cielo

Un amigo me mostró una foto que tomó en el Jardín Nacional Shinjuku Gyoen, un amplio parque situado en el bullicioso centro de Tokio. En la imagen aparecía un cielo azul brillante enmarcado en el verde de los árboles. Cuando lo elogié por aquella hermosa foto, le hizo gracia: «En realidad la estás mirando al revés. Este es el reflejo del cielo en el lago».

La miré más de cerca y vi que tenía razón. Lo que mis ojos habían interpretado como un paisaje era en realidad el reflejo del mismo en la superficie del lago, casi una ilusión óptica. Me quedé sorprendido por la claridad con la que el cielo y los alrededores se veían reflejados en aquellas aguas serenas. Me hizo pensar en lo maravilloso que sería que mi vida reflejara con la misma perfección la paz y quietud del Cielo.

Felicidad constante como el sol

La felicidad del espíritu es muy superior a la que nos aportan los sentidos. La llevas siempre contigo. Ni la noche más solitaria ni las nubes más grises pueden privarte de ella.

La felicidad material y sensorial es efímera. Depende de tu estado de ánimo, de las circunstancias, de lo visible y lo tangible. En cambio, la del espíritu viene del conocimiento de que soy Tu Salvador, de que te amo y velo por ti. Esas verdades son inalterables.

Al mal tiempo, buena cara

Pregunta: Desde que conocí a Jesús me he sentido más feliz que nunca. Sin embargo, todavía paso por momentos difíciles y a veces me deprimo. Mis amigos tratan de levantarme el ánimo y me dicen que ponga al mal tiempo buena cara; pero ¿por qué habría de sonreír y fingir alegría cuando no me sale de dentro? ¿No sería eso una hipocresía de mi parte?

Respuesta: No es hipocresía poner cara alegre cuando se está bajoneado. Es más bien señal de fortaleza interior y madurez. Demuestra que uno es consciente de que lo que en ese momento lo tiene deprimido es relativamente pequeño comparado con la totalidad de la vida, y que ya pasará.

En medio de la tormenta

Aunque no puedo prometerte que te guardaré de las tormentas de la vida, sí te aseguro que te acompañaré cuando las atravieses. Mi ayuda se hace patente de múltiples formas. Puede que no siempre se manifieste tal y como esperabas, pero se hará sentir. Nunca te abandonaré a tu suerte, para que bregues por tu cuenta. Cuando me pidas ayuda, responderé tus oraciones. 

La sala de pasatiempos

Sonó la alarma de mi reloj para recordarme que me pusiera el colirio que me había recetado el médico. Por pura costumbre me tapé el ojo bueno para comprobar qué tal veía con el infectado. Me di cuenta de que veía muy borroso, mucho más que el día anterior, y me preocupé.

Me invadió el recuerdo del doloroso tratamiento al que me había sometido en el hospital un día antes. ¿Qué otros exámenes y tratamientos me tocaría hacerme? ¿Cómo podía haberse puesto tan mal algo que en un principio daba la impresión de ser insignificante?

Dolor bienhechor

Cuando alguien me recomendó que tratase de mostrarme agradecida hasta en situaciones adversas, me pareció que sería imposible. Sabía que la Biblia nos manda dar gracias en toda circunstancia (1 Tesalonicenses 5:18), pero nunca se me había ocurrido tomármelo al pie de la letra. ¿Era posible tener una actitud agradecida y actuar en consecuencia, expresando mi gratitud con palabras aun cuando la situación no pudiera ser peor?

Dios no cambia con los años

En épocas de pruebas supremas, Dios se me ha manifestado. He comprobado que Él es tan real que podría exclamar con plena confianza: «Sé en quién he creído» (2 Timoteo 1:12; NBLH). Dios ha prometido: «Cuando pases por las aguas, Yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás ni la llama arderá en ti» (Isaías 43:2; RVR 95). «De manera que podemos decir confiadamente: “El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”» (Hebreos 13:6). «Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8:31).

En brazos del Señor

El año pasado mi esposo y yo hicimos averiguaciones para instalar un pabellón en el jardín de nuestra casa. En Inglaterra esos pabellones suelen ser cabañitas o cobertizos de madera con puertas y ventanas de vidrio. Brindan la protección justa y necesaria para sentarse en el jardín los muchos días en que no hace sol ni calor en este país, y está todo mojado. Estuvimos mirando en tiendas y comparando precios hasta que decidimos aceptar la propuesta de una pequeña empresa que se ofreció a hacer un somero estudio de nuestro jardín y darnos algunos consejos.

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