Al mal tiempo, buena cara

Al mal tiempo, buena cara

Pregunta: Desde que conocí a Jesús me he sentido más feliz que nunca. Sin embargo, todavía paso por momentos difíciles y a veces me deprimo. Mis amigos tratan de levantarme el ánimo y me dicen que ponga al mal tiempo buena cara; pero ¿por qué habría de sonreír y fingir alegría cuando no me sale de dentro? ¿No sería eso una hipocresía de mi parte?

Respuesta: No es hipocresía poner cara alegre cuando se está bajoneado. Es más bien señal de fortaleza interior y madurez. Demuestra que uno es consciente de que lo que en ese momento lo tiene deprimido es relativamente pequeño comparado con la totalidad de la vida, y que ya pasará.

Mostrarse alegre y optimista cuando se está en compañía de otras personas y sonreír aun sin ganas es un gesto de amor. Si somos considerados, procuraremos no bajonear a los demás con nuestra expresión facial ni darles a entender que su compañía nos incomoda.

Además, mostrarnos más animados de lo que estamos en realidad también nos hace bien a nosotros mismos y muchas veces contribuye a sacarnos del bajón.

Claro que lo ideal es afrontar y superar lo que sea que nos está afligiendo; y la mejor manera de acometer eso suele ser conversar con Jesús y pedirle que nos ayude a dar con una solución. Si tienes cerca a una persona que puede ayudarte a esclarecer las cosas o a desenredar la maraña, puede ser conveniente hablar también con ella. Hay momentos en que debemos sonreír y adoptar una grata expresión —la mayor parte del tiempo que estamos en presencia de otras personas—; pero también hay momentos en que es necesario pedir ayuda al Señor y a los demás1

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Sencillas alegrías

Durante la mayor parte de la vida no sucede nada maravilloso. Si no te gusta levantarte, trabajar, terminar de trabajar y sentarte a comer en compañía de tu familia o tus amigos, lo más probable entonces es que no seas muy feliz. Quien basa su felicidad o infelicidad en grandes acontecimientos, como conseguir un empleo estupendo, adquirir enormes sumas de dinero, disfrutar de un matrimonio todo miel sobre hojuelas o viajar a París, no será feliz gran parte del tiempo. Si, por lo contrario, nuestra felicidad depende de un buen desayuno, de que haya flores en el jardín, de tomarnos una copa o de dormir la siesta, tenemos más oportunidades de vivir con una buena tajada de felicidad. 

Andy Rooney (1919–2011), guionista de radio y televisión estadounidense

1. V. Santiago 5:16; Gálatas 6:2

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