Cómo superé un mal trago

Cómo superé un mal trago

Los primeros minutos, mientras digería la noticia, fueron devastadores. Tuve la sensación de que mi mundo entero se desmoronaba. No sé cómo, pero logré salir torpemente de la oficina de mi jefe. Sus palabras me seguían dando vueltas en la cabeza:

—Dada la actual situación tenemos que hacer recortes. ¿Estarías dispuesta a aceptar de momento una reducción de tu jornada laboral?

Tal vez te hayas visto en una situación parecida. Quizá tenías un empleo de jornada completa para mantener a tu familia o —como en mi caso— uno de media jornada para disponer de ingresos adicionales; en cualquier caso, es una noticia que pega duro. Cuando te pasa eso, ¿qué haces? ¿Cómo te repones y sigues adelante?

Esto es lo que me sirvió a mí.

1. Me repetía continuamente que debía conservar una actitud positiva. Aunque no podía hacer nada para modificar la decisión de mi jefe, sí podía controlar mi reacción. Cada vez que sentía que empezaba a desanimarme o deprimirme, me empeñaba en tener pensamientos positivos. No fue fácil, pero me obligué a hacer el esfuerzo.

2. Me decía a mí misma que cualesquiera que fueran las circunstancias, Dios estaba a favor mío. Él me ama, y Su amor no había cambiado ni un ápice. Sí, mis circunstancias eran distintas, pero podía seguir pisando sin miedo sobre el terreno firme del constante amor de Dios.

Procuré tener bien presente ese pensamiento leyendo la Biblia y prestando atención a lo que Dios me decía por medio de ella. Estos son algunos versículos que me ayudaron: «Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis»1. «Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a Su propósito son llamados. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?»2. «Bendito sea el Señor, pues mostró Su gran amor por mí cuando me hallaba en una ciudad sitiada»3.

3. Escuchaba canciones cristianas edificantes, tales como You Lift Us Up, de Paul Baloche, y Come to Me, de Jenn Johnson. Esas están en YouTube, al igual que muchas otras, y me sirvieron para llenarme la mente de pensamientos positivos.

4. Cuento con amigos sinceros que me escucharon comprensivamente y oraron por mí. Me ayudaron a darme cuenta de que tenía a quien acudir en una situación así. Se habían levantado muros entre nosotros, y nos habíamos distanciado por estar yo tan ocupada. Esos muros se derrumbaron en el momento en que expresé humildemente mi necesidad emocional. A raíz de esa experiencia, nuestra relación se estrechó.

5. No me preocupé por el futuro, sino únicamente por el presente. Como dijo Jesús: «No os angustiéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su propia preocupación. Basta a cada día su propio mal»4. En lugar de tratar de entender todo mi futuro y descubrir qué iba a hacer, decidí fijarme dos metas cada día. Al alcanzarlas, cobraba ánimo, pues sabía que me estaba ocupando de cosas pendientes que tenía postergadas desde hacía tiempo.

6. Repasaba con mayor frecuencia todas las bendiciones que había recibido, y fui aprendiendo a reconocer mejor los muchos aspectos en que he sido favorecida. Hasta nimiedades que antes daba por sentadas me levantaban el ánimo y me daban nuevos bríos.

7. Lo último —pero en realidad lo más importante— es que mantuve un buena comunicación con Jesús. Él dijo: «En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo»5. Deduje que cuanto más tiempo pasara con Él, más vencedora sería.

Día a día fui aplicando esos consejos, y mi estado de ánimo mejoró. Aunque las circunstancias no cambiaron, lo que ocurrió fue que, al adoptar una actitud positiva y alabar más al Señor, fui capaz de ver mi situación desde un prisma más favorable.

En las horas de trabajo que conservé, seguí cumpliendo de la mejor manera posible mis obligaciones, de todo corazón. A veces eso implicó hacer cosas que nunca había hecho, como ir a la zona de mayoristas de la ciudad en busca de artículos de decoración, y luego aprender a hacer un arreglo otoñal con canastos de mimbre, calabazas y hojas artificiales de arce.

Al cabo de un mes aproximadamente, recuperé mis horas habituales de trabajo. Como es de imaginar, estaba muy contenta y aliviada. Con todo, a pesar de que mi situación mejoró, estas enseñanzas se quedan conmigo. Si mis circunstancias vuelven a cambiar —como indudablemente ocurrirá—, ahora tengo algo concreto a qué aferrarme en esos momentos difíciles en que parece que todo mi mundo se viene abajo.

1. Jeremías 29:11
2. Romanos 8:28,31 (RVR 95)
3. Salmo 31:21 (NVI)
4. Mateo 6:34 (RVR 95)
5. Juan 16:33 (NVI)
Dina Ellens

Dina Ellens

Nacida en Holanda, Dina Ellens ha conocido variados ambientes culturales de los Estados Unidos, donde se educó, y de diversos lugares de Asia. Durante más de 25 años enseñó en colegios del Sudeste Asiático. Ahora que se ha retirado, sigue realizando labores de voluntariado y mantiene vivo su interés por la educación temprana y la literatura.

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