Las realidades de la vida

Las realidades de la vida

A veces los creyentes tenemos expectativas poco realistas sobre nuestra vida. Cuando las cosas no van sobre ruedas tenemos tendencia a autoflagelarnos o a pensar que Dios no responde a nuestras oraciones porque le interesamos poco o porque estamos haciendo algo mal.

Hay, sin embargo, otra actitud que podemos asumir, y es recordar que muchas veces las batallas y dificultades por las que pasamos son esperables, cosas de la vida. Las dificultades, penalidades y batallas son parte de nuestro aprendizaje, preparación y crecimiento, y acrecientan nuestra resistencia, compasión, madurez y fe.

Muchas cosas en la vida son cuesta arriba, pero podemos salir fortalecidos si las encaramos con fe y una actitud positiva. Cuando nos concentramos en adquirir la perspectiva del Señor sobre nuestra situación y dar crédito en Sus promesas, Él siempre está a nuestra disposición para ayudarnos a salir adelante. Si ponemos los ojos en Él nos inspirará la confianza de que vale la pena librar las batallas de la vida y nos fortalecerá por medio de ellas.

Cuando pasas por un momento difícil se requiere mucha fe para sostener en alto tu bandera de victoria ante los desafíos que se te presentan y declarar: «¡Tengo la victoria por fe!»1 No obstante, al margen de cómo te sientas, la maravillosa Palabra de Dios y Su verdad tienen la fuerza y el poder para encaminarte nuevamente hacia la victoria, siempre y cuando no desistas y aguantes, creas y confíes en que Dios cumplirá Su Palabra. A la postre se te premiará por tu fe.

A continuación reproducimos algunas reflexiones acerca de las realidades de la vida, que espero les resulten de utilidad.

Cuesta dejar huella
Cada uno de los grandes santos y hombres y mujeres de Dios, así como cada persona que dejó huella en este mundo, hicieron sacrificios en su trabajo y su servicio. No llevaron una existencia fácil. Limitaban sus actividades a lo más importante y custodiaban celosamente el tiempo a fin de reservar sus fuerzas y energías para lo que de veras importaba. Se dedicaban a alcanzar las metas que se habían trazado y dedicaban la mayor parte de sus horas de vigilia a pensar, experimentar, prepararse, enseñar, avanzar, trabajar y hacer lo que fuera necesario para triunfar. ¡Lo que vale, cuesta!

No soy yo quien puede hacerlo2
No podemos hacerlo por nuestra propia cuenta. Cometemos errores. Somos humanos. Pero en el momento en que depositamos nuestra confianza en el Señor, Él puede cumplir Sus designios en nuestra vida. «Dios escogió lo despreciado por el mundo —lo que se considera como nada— y lo usó para convertir en nada lo que el mundo considera importante. Como resultado, nadie puede jamás jactarse en presencia de Dios.»3

Guerra espiritual
Se libra actualmente una feroz guerra espiritual y estamos metidos en ella. Lo espiritual afecta lo físico y lo físico, lo espiritual.

Tener fe supone una decisión deliberada, una decisión vital y una que nadie puede tomar por nosotros. Cada uno debe optar por la senda de la fe y luchar para mantener abiertos sus ojos espirituales de tal manera que sea consciente de la esfera sobrenatural y permanezca fuerte e inamovible.

Todo cambia; Jesús nunca
Aunque cambie todo a nuestro alrededor, Jesús no cambia. Su amor, Su bondad y Sus promesas no varían. «Yo, el Señor, no cambio.»4

Bajo el cielo nadie se libra de duelo
Todo el mundo pasa por malas experiencias, dificultades y penalidades. Los seres humanos somos imperfectos y la gente comete errores que nos afectan. En todo caso, de nosotros depende si esas dificultades nos depuran o nos llenan de amargura. Dios puede hacer que esas contrariedades redunden en nuestro bien, si se lo permitimos.

Tenemos que recordar que los problemas se dan simplemente porque vivimos en un mundo caído luego del pecado original. Bien si somos niños o adultos, hombres o mujeres, creyentes o ateos, a todo el mundo se le presentan batallas, pruebas y experiencias difíciles; de lo contrario no se fortalecería nuestro carácter. A fin de cuentas, no son las circunstancias las que determinan nuestra condición, sino nuestra actitud frente a ellas.

Sus promesas infalibles
El Señor ha dado asombrosas promesas en Su Palabra. Nos hace promesas porque quiere que esperemos el futuro con ilusión, para que sepamos que Él es previsor y ya está planeando nuestro bien, y que a cada uno nos tiene reservadas grandes cosas.

Él jamás romperá Su promesas; podemos depender de ellas infinitas veces. Si obramos a tenor con lo que Él nos indica, su cumplimiento está garantizado, no siempre tal y como queremos o pensamos que deban cumplirse, sino en el sentido y momento en que a Dios le parezca más conveniente para nosotros y los demás.

Qué improcedente sería limitar lo que Dios quiere hacer en el futuro ajustándonos exclusivamente a lo que hemos visto y experimentado en el pasado y en el presente. El futuro es tan prometedor como las promesas de Dios. Sigámosle de cerca y démosle oportunidad de cumplir todo lo que dijo que haría.

1. V. 1 Juan 5:4
2. Génesis 41:16 (NVI)
3. 1 Corintios 1:28,29 (NTV)
4. Malaquías 3:6

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Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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