Para salir de la bruma

Para salir de la bruma

Tengo un recuerdo muy nítido de lo que sucedió. Me desperté temprano una mañana de verano y, al mirar por la ventana, vi que estaba todo cubierto de blanco. Me restregué los ojos pensando que estaba viendo mal y decidí averiguar qué pasaba. Salí a la terraza y al bajar por las escaleras quedé pasmada. Daba la sensación de que estaba dentro de una nube. Di unos pasos y giré sobre mí misma. En ese momento me di cuenta de que no sabía dónde estaba. Me encontraba a unos pasos apenas de la terraza, pero no sabía en qué dirección quedaba.

Empecé a entrar en pánico al caer en la cuenta de que si pedía auxilio quizá mi familia no me oiría. Entonces recordé que había un camino de piedras y que si lo encontraba podría volver a la casa. Me hinqué de rodillas y me puse a palpar la hierba, tratando de encontrar las piedras. Al agacharme empecé a distinguir el color del pasto y la silueta de mis zapatos. Sentí la leve inclinación del terreno en el que estaba arrodillada y comprendí que tenía que ir hacia arriba.

Avancé gateando hasta que me topé con una piedra. Fui siguiendo el camino, y la bruma comenzó a levantarse. Ya lograba verme las rodillas. Para cuando llegué a la terraza podía verme la cintura. Me incorporé del todo y me maravillé al ver cómo se disipaba la neblina revelando el entorno con el que estaba familiarizada.

Cuando traté de explicarles a mis hermanos lo que era perderse en una nube en el jardín de la casa, no me entendían. Finalmente papá nos explicó que la bruma había subido aquella mañana desde el arroyo que estaba más abajo y me dijo lo que tenía que hacer si volvía a verme envuelta en niebla espesa: agarrarme a algo conocido y quedarme quieta hasta que se disipara. Me reconfortó que alguien por fin me entendiera y supiera qué era lo que me había pasado.

Desde entonces ha habido veces en que me he sentido mental o emocionalmente perdida en medio de la bruma, momentos en que perdí la brújula y me entró el mismo pánico que cuando niña, la misma desorientación al tratar de entender lo que pasaba. He descubierto que en esos momentos de confusión lo que tengo que hacer es hincarme de rodillas y pedirle consejo a Dios. Al hacerlo, la niebla se empieza a disipar y alcanzo a reconocer algo, alguna roca en que apoyar mi fe. Luego sigo el camino que me es familiar hasta que se termina de levantar la bruma.

Joyce Suttin

Joyce Suttin

Joyce Suttin es educadora, escritora y frecuente colaboradora de la revista Activated. Vive con su esposo en San Antonio (Texas) y realiza un apostolado en línea para el cual selecciona pasajes, prepara textos para edición y redacta artículos de carácter inspirativo.

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