Súbete a la Roca

Súbete a la Roca

«Cuando mi corazón desmayare, llévame a la roca que es más alta que yo»1. «El Señor es mi fortaleza; mi Dios es la roca poderosa donde me escondo»2.

Si sientes que las circunstancias te rebasan, súbete a la Roca. Me tienes a Mí —la Roca— y puedes confiar en Mi capacidad para guardarte de todo lo que te agobia. Cuando te sientas débil por las cargas y preocupaciones que te abruman, cuando notes que la depresión se cierne sobre ti, ensombreciendo tus pensamientos y llevándote a la desesperación, súbete a la Roca y descansa en Mi gracia.

Hay momentos de la vida que pueden resultar confusos. Hay ocasiones en que sientes que los acontecimientos te zarandean de un lado a otro y te invade la incertidumbre, en que no sabes lo que te deparará el futuro ni qué rumbo tomar. Es natural tener miedo en esos momentos.

Lo mismo les pasó a Mis discípulos cuando estaban en una barca y de pronto vino una tormenta que levantó oleaje. Dijeron: «¡Ayúdanos, Maestro, que perecemos!»3 En efecto, tan fuerte era el temporal que se dieron por muertos. Tal vez te parezca que la turbulencia de tus emociones y la vorágine de tu vida son insoportables; mas ten presente que Yo soy el Señor de la nave. Soy capaz de aplacar los mares. Puedo protegerte en cualquier tormenta, por mucho que se prolongue. Espera a que Yo actúe. Jamás te dejaré ni te desampararé4. Te daré la ayuda y las fuerzas que te hagan falta para superar esta tumultuosa etapa. Aférrate a Mi Palabra. Ten fe en Mí mientras dure la tempestad. Recuerda que nunca te he desamparado ni te desampararé, y que puedo hacer que todo redunde en bien.

Busca la luz al final del túnel. Reposa en Mí y hallarás una fortaleza que desconoces.

Jesús

1. Salmo 61:2
2. Salmo 94:22 (NTV)
3. V. Lucas 8:24
4. V. Hebreos 13:5

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Mensajes de Jesús

Estas palabras de Jesús las captaron hombres y mujeres como tú que simplemente pidieron a Jesús que les hablara. Invocaron la promesa bíblica, que reza: «Clama a Mí y Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3). Gracias a ello obtuvieron consejo, orientación y aliento.

Los mensajes de guía y consuelo que nos vienen en los ratos de oración personal expresan el gran amor y desvelo que nos prodiga Jesús. Él habla a todos los que crean en Él, le pidan que les hable y acepten que ese suave susurro (2 Reyes 12:9) que resuena en sus corazones es la voz de Él. Tú mismo puedes oír directamente a Jesús. Para interiorizarte más sobre el tema, te recomendamos que leas este libro.

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