Entre Dios y los médicos. ¿Cómo saber qué hacer?

Entre Dios y los médicos. ¿Cómo saber qué hacer?

Pregunta: Sufro de una enfermedad crónica. Le pedí a Dios que me sanara sin intervención médica y tengo el convencimiento de que puede hacerlo. Pero aún no lo ha hecho. Hace poco mi médico me recomendó un tratamiento al que estoy pensando someterme. ¿Cómo saber qué es lo más conveniente para mí en esta disyuntiva?

Respuesta: Ya sea que te mejores por medio de un proceso natural, con un tratamiento médico o por intervención divina, la curación no deja de ser un don de Dios. 

Cuando oímos decir curación divina generalmente pensamos en sanaciones que trascienden el ámbito de la medicina y de la naturaleza. Dios, sin embargo, no obra solamente por vías misteriosas. Fue Dios el que creó los sistemas regenerativos del organismo; y los descubrimientos científicos que nos permiten entender hoy lo que el cuerpo precisa para curarse y cómo podemos contribuir al proceso de sanación fueron inspirados por Dios, por mucho que los autores de algunos de esos descubrimientos no lo quieran reconocer. «[Dios] da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos. Él revela lo profundo y lo escondido»(Daniel 2;21,22). «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto»(Santiago 1:17). 

El problema estriba en que algunos investigadores sacan deducciones erróneas que no son de inspiración divina, y las terapias basadas en razonamientos equivocados muchas veces hacen más mal que bien. Por eso es muy importante informarse bien antes de optar por algún tratamiento médico. La decisión debe tomarse a conciencia, con oración.

Conviene obtener una segunda y hasta una tercera opinión, y ponderar los riesgos y posibles efectos negativos de cada opción antes de decidirse por una de ellas. Por lo general Dios deja esas decisiones a tu arbitrio. Está presto a guiarte en tu estudio y examen de las opciones, pero también dice: «Conforme a vuestra fe os sea hecho»(Mateo 9:29). ¿Cómo crees que Dios puede obrar mejor: de forma independiente, o por medio de profesionales de la salud?

A fin de cuentas, lo que tienes que determinar es por qué opción se inclina tu fe. Ese es un proceso que entraña bastante deliberación y oración, y absoluta sinceridad contigo mismo y con Dios. No te servirá de nada dártelas de que tienes fe para seguir tal o cual línea de acción si en realidad no es así.

Una vez que tomes una determinación con la ayuda de Dios y le pidas que bendiga el rumbo que has decidido tomar, puedes reivindicar la siguiente promesa: «Encomienda al Señor tu camino, y confía en Él; y Él hará»(Salmo 37:5).

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