Los dedos torcidos de Rose

Los dedos torcidos de Rose

Mi amiga Rose está pasando por una época difícil. Tiene inflamadas las rodillas y los dedos de los pies, lo cual le causa un dolor agudo que no le permite dormir por la noche. Arrastra esta dolencia, con altibajos, desde que era joven. Hace poco se hizo un análisis exhaustivo en una clínica de reumatología que reveló que se trata de una artritis inflamatoria muy debilitante. Rose normalmente es una persona llena de energía que vive intensamente. Como le intrigaba saber por qué sufría esa enfermedad incurable, se puso a investigar.

Cuando nos encontramos para tomar un café me desconcertó un poco que me dijera:

—Todo se debe a que tengo torcidos los dedos de los pies.

Luego procedió a explicarme los resultados de su investigación. Su dolencia tenía básicamente un origen genético. Así como había heredado de su familia los dedos torcidos, también había heredado la susceptibilidad a aquella enfermedad. Algo en el ambiente, probablemente una infección, desencadenó los primeros síntomas.

—¿No te deprimes por eso? —le pregunté.

—Me toca vivir con ello —contestó—. El que tenga los dedos de los pies torcidos no es motivo para desesperarme. Puede que tenga predisposición para esta enfermedad, pero no voy a dejar que me amargue la vida. ¡Dios me ha tratado bien!

Las radiografías revelaron que pese a los muchos años que había sufrido de artritis, presentaba pocos daños en las articulaciones. Eso sorprendió a los médicos. Sin duda, el estilo de vida de Rose, su actividad, su empeño en mantenerse ágil y su optimismo han contribuido a su estado físico actual, que no está nada mal.

Tras observar a Rose mientras se alejaba renqueando, entre sonrisas y muecas de dolor, reflexioné largo rato sobre el tema. Es verdad que no podemos elegir nuestra composición genética y que no todos los rasgos físicos que heredamos son positivos; pero sí podemos elegir lo que hacemos con lo que nos ha tocado. La Biblia describe el cuerpo como el templo del espíritu, y nos recuerda que es nuestro deber cuidarlo(Corintios 3:16,17). Puede que mi templo sea imperfecto. Al igual que Rose, tengo algunos defectos heredados y otros adquiridos. Sin embargo, ese hecho no altera el deber que tengo de cuidar de mi cuerpo cultivando buenos hábitos de vida. Si coopero con Dios, Él me ayudará a obtener resultados óptimos.

Ya llevo demasiado rato sentada ante la pantalla del ordenador. El sol y el aire puro me invitan a salir a dar un paseo.

Abi May

Abi May, que también firmaba con el seudónimo de Chris Hunt, fue colaboradora de Conéctate desde Gran Bretaña.

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