Superación

Jesús, el gran solucionador

Gracias, queridísimo Jesús, por ser nuestro gran solucionador. Viniste al mundo para resolver el mayor problema de la humanidad —nuestra necesidad de salvación— y para librarnos de tener que expiar nuestros pecados. Durante Tu estancia en la Tierra resolviste muchos otros problemas. Cuando se acabó el vino en la boda, creaste más vino1. Cuando las personas acudían a Ti con enfermedades —males que padecían incluso desde hacía años—, las sanabas y librabas2. Cuando no había comida para las multitudes a las que estabas instruyendo y todo el mundo tenía hambre, multiplicaste los panes y los peces3. Cuando los dirigentes religiosos de la época quisieron apedrear a una adúltera, te viste en un gran dilema. No obstante, con gran sabiduría, humildad y amor pusiste a los hipócritas en su lugar, y además de salvar a aquella mujer, la ayudaste a cambiar4.

La superación de la adversidad

La mar serena no hace al buen marinero. 
Proverbio africano

*

Aunque deseables son las cosas buenas que nos brinda la prosperidad, admirables son las que trae consigo la adversidad.
Séneca (4 a.C.–65 d.C.)

Relato de un superviviente

«Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor» (Romanos 8:38,39, NVI). Esta afirmación es una de las más destacadas expresiones de fe emitidas jamás. Procede de una persona que soportó años de pruebas y tribulaciones, las cuales, gracias a Dios, la mayoría de nosotros no tendremos que afrontar jamás. Se trata del apóstol Pablo.

Cómo reaccionar ante las pruebas de la vida

El Señor permite los disgustos y las circunstancias adversas a fin de fortalecernos. Nos prueba para ver cómo vamos a reaccionar. Los desengaños y las contrariedades no tienen por qué deprimirnos ni desanimarnos, porque lo que determina el efecto que tengan en nosotros es nuestra fe y nuestra actitud. Con frecuencia la fe y la confianza en el Señor pueden transformar por completo las circunstancias, pues Él obra en favor nuestro. Todo depende de cómo se miren las cosas, de la actitud con que se tomen.

El apagón

En el gran apagón ocurrido en 1965 en Norteamérica, al menos 25 millones de personas de Ontario (Canadá) y del noreste de Estados Unidos, incluida la ciudad de Nueva York, se quedaron sin electricidad por un lapso de hasta 12 horas. En otros países, los cortes de luz de esa magnitud eran corrientes y todavía lo son. Aquel, sin embargo, fue totalmente inesperado y pilló a todos desprevenidos.

El texto del siguiente artículo está tomado de una charla dada poco después.

Toda dificultad puede vencerse

Sabemos que tanto los genes como el medio ambiente inciden en nuestra personalidad. Desde chiquitines oímos decir que tenemos los ojos de la madre, la nariz del padre o la boca de la abuelita, pruebas palpables de la influencia genética. Por otra parte, es evidente que niños expuestos a estímulos intelectuales tienden a sobresalir en sus estudios; y que atletas que entrenan con destacados preparadores físicos y programas de adiestramiento tienen más probabilidades de desarrollar su pleno potencial, prueba del papel que ejercen los factores medioambientales.

Termina la carrera

Nos puede servir de estímulo el siguiente episodio de la vida de John Stephen Akhwari, narrado por Bud Greenspan en su libro 100 Greatest Moments in Olympic History.

Cuando el ganador cruzó la línea de llegada en la maratón de la Olimpiada de México de 1968, los organizadores pensaron que la carrera había concluido. Pero una hora más tarde, John Stephen Akhwari, un maratonista de Tanzania, entró al estadio. Ensangrentado y vendado a raíz de una caída, iba cojeando dolorosamente.

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